La historia de las promesas, en su mayor parte sin cumplir, en Punta Arenas, en la región, en el país y en el mundo, permitiría editar una antología de al menos un par de tomos.
La calle Zenteno, que para muchos debiera ser ya una avenida, desde el puente sobre el Río de Las Minas hacia el norte y hasta calle El Ovejero, cada día tiene más tráfico vehicular.
Automóviles particulares, buses, taxis y taxis colectivos, motocicletas y hasta camiones, se desplazan tanto de sur a norte como de norte a sur y, en horas de la mañana, hasta las ocho y media, por lo menos, se forman “tacos” y el tránsito se torna lento, muy lento.
Por la tarde, desde las 18 y hasta pasadas las 20 horas, la historia vuelve a repetirse, crispando los nervios de los choferes y obligando a los peatones a no descuidarse en momento alguno.
Es que ese tramo de calle es acceso obligado al Barrio Prat, a las poblaciones Juan Williams, Rassmusen, Villa Magisterio, Villa La Molinera, Población El Ovejero, Las Vertientes, entre otras, y a un sector de Gobernador Viel, cuyas casas llegan casi hasta Enrique Abello.
A todos esos grupos residenciales deben sumarse las nuevas villas y los nuevos grupos residenciales, como la población Cardenal Silva Henríquez, cuyo “desahogo” serían Rómulo Correa, Mardones, Capitán Guillermos…y todas cruzan la calle Zenteno.
Ésta arteria, de acuerdo a una promesa de mediados de los 90, iba a ser remodelada con fondos gubernamentales a través del Serviu.
Contemplaba un nuevo puente, con otras dos calzadas; otras dos calzadas hasta calle El Ovejero, con su correspondiente alumbrado público nuevo y las “obras de arte” que fueran necesarias, respetando, incluso los espacios requeridos por el ahora Liceo Experimental de la UMAG, de la Escuela Arturo Prat, de la Iglesia Cristo Obrero y de los numerosos vecinos y comerciantes establecidos en ambos costados de la antigua vía.
Se planteó que se requería algo así como dos mil 500 millones de pesos, de la época, pero hasta hoy, la calle Zenteno sigue como hace muchos años, claro que con el puente reparado con una gruesa capa de asfalto, la cual cubrió los peligrosos “eventos” que hubo allí y con accesos a las Costaneras del Río, tanto la norte como la sur.
Municipio nuevo
Esta es una historia corta, pero muy significativa.
Cuántos aspirantes a “próceres de a peso el ciento” no proclamaron, en vibrantes piezas oratorias, su compromiso total con el proyecto para crear un municipio propio para el populoso Barrio 18 de Septiembre que, en la intimidad de sus reuniones de adherentes, hasta la denominaron “Pequeña Chiloé”, “Chiloé Town” y también, “Chilotown” aludiendo a un importante barrio de ciudades norteamericanas e inglesas, principalmente.
Guillermo Mell, militante y dirigente socialista, golpeó muchas puertas para lograr ese anhelo, que no era solamente suyo. Otro tanto hizo Carlos González Yacsich.
Pero ambos se fueron de este mundo y el Barrio 18 de Septiembre sigue sin ser comuna aparte de Punta Arenas y se sabe lo que esto significa, especialmente en las últimas administraciones municipales.