Radicales sufren tensiones internas por presiones de nueva presidencia

Según lo señalado por personas allegadas a esa política oficialista,
el retorno de Bélgica Arizmendy, quien tuviera relevancia significativa hace un
tiempo, determinó la fisura que no esperaba, lograra producirse. Se estima que
existen al interior de ese partido, al menos cuatro corrientes que no mantienen,
precisamente, la tradicional amistad entre la militancia, la cual, por muchos
años, ha caracterizado al radicalismo chileno y nacional.

Una de esas corrientes es la que lidera Arizmendy; otra tiene el
liderazgo atribuido a Francisco Parada, otra, al ex presidente Abelardo Muñoz,
y la cuarta, a parte de los que no lograron buenos resultados en el proceso
eleccionario reciente. Todo era conversable y arreglable, al viejo estilo
radical en torno a una buena mesa, pero no se llegó a eso: por el contrario.
Los nuevos dirigentes han cuestionado a los siete directores de servicios
públicos que están en manos de militantes del partido, por ejemplo, la
Dirección del Trabajo; el INE, lo que era el Sename y el Consejo de la Cultura
y las Artes.

Pero la evaluación no se quedó en esos servicios públicos: fue hacia
el pasado reciente y se criticó a la dirigencia que ya no está porque “el
partido no tiene ninguna Secretaría Regional Ministerial”.

Más aún, fuentes no oficiales pero seguras, han dejado al descubierto
que entre los cuestionados se encuentra el actual gobernador de Tierra del
Fuego, Alfredo Miranda, a quien le pesa la acusación de los radicales fueguinos
de “ser un afuerino”, entre otras.

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