El cuadro que presentan los refugios para peatones que, alguna vez, quisieron protegerse del viento, de la lluvia, de la nieve o de la escarcha, puede ser calificado como deprimente.
Son veintidós lugares, repartidos en diversas zonas de Punta Arenas, los que permiten apreciar lo que son capaces de realizar en contra del aseo, el ornato y la higiene de sitios y construcciones públicas, un número indeterminado de sujetos, desconocidos hasta ahora, pero cuya mala obra está presente.
Los refugios para peatones, por ejemplo, los ubicados en la Avenida Frei Ruiz Tagle, frente al Hospital Clínico, están sucios, les arrancaron las puertas que alguna vez tuvieron y han sido utilizados como un sitio para pernoctar por vagos o por personas que no tienen un lugar mejor donde pasar la noche.
Insalubridad
Pero eso no es todo: la basura, restos de envases de bebidas alcohólicas y hasta preservativos también dicen ¡presente!, cuando se les echa un vistazo, aunque sea rápido.
Otros cuadros más agresivos, por llamarlo de alguna manera, se presentan en el que está instalado en el bandejón de la Avenida Bulnes con la calle Angamos, que además de estar sucio, puede apreciarse que su estructura está gravemente dañada, rota, sin contar el hedor de la orina de quienes lo han utilizado como baño público.
Los refugios para peatones instalados en calle Maipú y a lo largo de la calle Chiloé, desde esa arteria hasta la Avenida Independencia, han servido de baño público, de singulares moteles, de dormitorios ocasionales y como depósito de basura y desperdicios.
El mal olor que emana de la mayoría de ellos, proviene de la orina y de los excrementos que dejan personas irresponsables que no siempre están en situación de calle, pero que no han encontrado un lugar más adecuado para satisfacer la urgencia de sus necesidades fisiológicas.
Son numerosas las personas, especialmente mujeres, las que han visto cómo su calzado, su vestuario, sus paquetes y hasta sus carteras, han debido ser sometidos a limpieza y desinfección después de pisar esos excrementos o tomar involuntario contacto con ellos o los desperdicios depositados en los refugios, para evitar problemas de salud y daños mayores en sus indumentarias.
El problema es que los veintidós refugios peatonales fueron levantados en el curso de administraciones municipales anteriores, a un elevado costo, cada uno de los cuales bordea los 20 millones de pesos, como promedio, con fondos entregados por el Gobierno y queda en evidencia que, pese a la positiva intencionalidad inicial, terminaron siendo un fiasco y muy caro, además.
Recientemente, el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, indicó que se solicitarán fondos gubernamentales para financiar la construcción de nuevos refugios peatonales, de características distintas y que protejan a los usuarios de la locomoción colectiva y no permitan que, como los que aún pueden apreciarse en las calles de Punta Arenas, sean utilizados como baños públicos, moteles o depósitos de basura y desperdicios.