Las versiones no han podido ser confirmadas porque se manejan en estricta reserva para no crear dificultades entre las partes ni crear mayores expectativas entre los integrantes de “Puño en Alto”, organización social que mantiene la ocupación ilegal de un predio situado en las calles Enrique Abello y Esteban Capkovic.
¿Negociaciones reservadas?
De acuerdo con fuentes, que pidieron tanta o más reserva de sus identidades que quienes estarían negociando serían profesionales del Serviu y el ex intendente regional de Magallanes, el ingeniero Mario Maturana, propietario de parte importante de los terrenos ocupados por los integrantes de “Puño en Alto”.
Las mismas versiones indicaron que Maturana habría expresado su decisión de enajenar sus terrenos; que se le cancelará un precio adecuado por ellos y contribuir, así, a acercar una solución para quienes afirman no tener vivienda, tras haber sido estafados por operadores externos del Serviu o llevar largos años en las listas de postulaciones sin haber podido acceder a una casa.
En el Serviu, se indicó, también en forma no oficial, se trabaja en determinar la situación de los participantes de la “toma”, a fin de verificar sus antecedentes dentro del listado nacional; si tienen o no casa propia y si cuentan con el ahorro necesario para optar a una vivienda a través de los programas del servicio, entre otros.
Pero, hasta la tarde de ayer, aún no se tenía claridad acerca de las dimensiones del predio ni de cuánto de él pertenece al Servicio de Vivienda y Urbanización o a otros propietarios de los terrenos en cuestión.
Mientras tanto, unas cuarenta de las más de 100 familias que han adherido al movimiento, permanecen en las carpas instaladas bajo los árboles, desafiando las bajas temperaturas otoñales.
En parte del terreno se aprecia una línea de cal, que parece ser una frontera o un límite entre los dueños de él, pero mayores antecedentes iban a entregarse en una asamblea fijada para las 20 horas de anoche.
Por ahora, los participantes del movimiento mantienen una “olla común”; lograron recibir baños químicos; tienen troncos y madera para sus fogatas y un estricto sistema de vigilancia, que exige identificación a toda persona que no pertenezca a la agrupación.
Tampoco existe autorización para que otras personas que no sean los “voceros oficiales”, entreguen algún tipo de información acerca de la situación que se está viviendo, aunque desde la calle Esteban Capkovic es posible apreciar la ubicación de las carpas; una especie de salón de reuniones, desde la cual se emite música, y construcciones de material ligero, levantadas en los últimos días.