“Esa vieja señalizó para un lado y viró para el otro y por eso la empapelé a garabatos”, declaró Romualdo Barrientos cuando un acompañante lo increpó, a su vez, por la gruesa artillería verbal empleada contra esa conductora.
Es que Romualdo es parte de esa cuarta parte de los conductores chilenos que se define como “agresivo, ofensivo, nervioso e impulsivo”, de acuerdo a los datos de una reciente encuesta realizada por el Automóvil Club de Chile.
Pero esa cifra no lo es todo: esa misma medición estableció que un 72 por ciento de los conductores ha protagonizado algún tipo de altercado con otro conductor y un 61 por ciento reconoció que se pone al volante golpeado por el estrés.
El doctor Rodrigo Gilli, jefe del Departamento de Siquiatría del Hospital del Trabajador, considera que esa “mala onda” en calles y avenidas se debe a que los conductores chilenos son tremendamente ordenados y obsesivos al manejar. Pero cuando otro comete una imprudencia (o ejecuta una mala maniobra que lo altera), aparece una rabia desproporcionada”, al revés de lo que ocurre en otros países, como Argentina o Perú y aunque reconoce que aunque la rabia es una emoción normal en la vida es distinto manifestarla en un medio social como las calles y avenidas.
Una opinión menos académica, pero significativa, fue la que entregó Rodrigo Quiroz, miembro del colectivo “Ciclistas Furiosos”, quien espetó que “hay pelotudos ciclistas, pelotudos y pelotudos automovilistas” y observa que éste es más personalista”, recomendando para todos un mayor grado de educación sobre las normas de tránsito en vigencia.
“La guinda de la torta” de esta encuesta la puso la Organización Mundial de la Salud, en uno de cuyos estudios se señala que “el 36 por ciento de los chilenos tiene o presenta síntomas de depresión y de ansiedad”.
Si pudiera establecerse el número de esas personas que están tras el volante de un vehículo, no importa su tamaño, cilindrada o modelo, se podría tener mayor claridad acerca del problema y buscar soluciones.
Y una de ellas, podría ser el establecimiento de horarios diferidos para el inicio del día laboral y su término y para el ingreso y la salida de los estudiantes de escuelas, colegios y liceos y habilitar vías de tránsito más expeditas.
Pero, por ejemplo, en Santiago, sólo tienen vías exclusivas los buses del Transantiago.