Silencio y decepción de jubilados y montepiadas de FF.AA. por proyecto de salud

Hay una canción compuesta por Willy Bascuñán que alude directamente a
aquellos oficiales, suboficiales y soldados que permanecieron en la sierra
peruana en las postrimerías de la Guerra del Pacífico y que está dedicada a
“Los Batallones Olvidados”.

Hoy, más de un siglo del término de ese conflicto, a lo largo de
nuestra Patria, hay miles de pensionados y montepiadas que podrían,
perfectamente, estar formados en una de esas unidades.

¿Por qué?

Simplemente porque, con la razón de que las Fuerzas Armadas tienen un
régimen previsional diferente, deben seguir pagando el siete por ciento por
concepto de aporte de salud, a diferencia de aquellos que, por recibir pensiones
solidarias o tener una ficha de estratificación social con más de 11 mil 500
puntos sí fueron o están siendo beneficiados o serán beneficiados dentro de un
tiempo, con el término del descuento de ese siete por ciento.

Hace unos días, en estas mismas páginas, fueron recogidas las quejas
de Rosita Hernández y de Jorge González,

Ambos pensionados de las instituciones armadas, quienes expresaron su
decepción por lo que calificaron como “una discriminación que no tiene
justificación”.

Pero no sólo ellos se quejan de esta medida gubernamental que, por
cierto y no puede desconocerse, ha venido a hacer justicia a muchos jubilados
con ingresos mínimos.

En los cerrados, pero discretos muros de los centros que los agrupan,
hombres y mujeres que estuvieron en las instituciones de la defensa nacional
por largas décadas, tanto en el Ejército como en la Armada o en la Fuerza Aérea
o Carabineros, se escucha –y se siente– la decepción.

“Ha habido pobreza de espíritu”, al discriminarlos manteniendo el
descuento de sus pensiones que, en muchos casos, bordean los 150 mil pesos y
menos, ya sea porque estuvieron en las instituciones sólo 20 o pocos años más y
no llegaron al tope de la carrera en términos de tiempo.

O porque quedaron viudas. O porque… Se podrían dar muchas razones.

“Nosotros– nos dice un grupo de pensionados de las Fuerzas Armadas– no
estamos en la política, porque nuestras normas y estatutos lo tienen claramente
prohibido. No tenemos ni pena ni rabia, pero sí mucha decepción”.

Les han prometido, una y otra vez, en forma transversal, que si apoyan
a determinado postulante a algún cargo político en las elecciones que ha habido
“la situación la vamos a cambiar”.

Y hasta ahora, la nada misma.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS