María Florencia Cobos y Felipe Nelson Gutiérrez conforman una pareja de titiriteros que llegaron hasta Magallanes para difundir entre los niños, principalmente, un arte de antigua data con el objeto de hacerles participar en juegos educativos y fomentar en los pequeños, el gusto por la lectura.
Una tarea no menor que los ha llevado a diversas partes del mundo, compartir con diferentes comunidades, especialmente indígenas y aisladas y que aquí en Magallanes les permitió llegar hasta Puerto Toro y Puerto Williams.
Poco antes de su presentación en el jardín infantil “Abejitas”, Felipe y Florencia contaron que salieron desde Santiago el 5 de febrero pasado y pedaleando y pedaleando pasaron por la Araucanía, Traiguén, Alto Biobío; tomaron la Carretera Austral; estuvieron en Futaleufú y sus cinco escuelitas rurales y, finalmente, llegaron hasta Punta Arenas, acompañados de los muñecos “Pimiento”; “Chester” y otros, salidos de su imaginación y de sus manos, cuyas “habilidades artísticas” pueden apreciarse en la escenografía montada sobre las bicicletas.
Desde aquí, con el apoyo de la Tercera Zona Naval, pudieron llegar hasta la Escuela de Puerto Toro, a las de Puerto Williams y hasta la que está enclavada en Puerto Harris, en la isla Dawson, programa que incluyó, también, presentaciones en los jardines infantiles de la Armada.
Herramientas de trabajo
Florencia y Felipe desarrollan sus actividades profesionales, porque lo son, utilizando dos bicicletas y desarrollan el programa “Bibliocletas por el Mundo”, ya que estos vehículos a tracción humana los movilizan, les permite llevar sus bártulos y los libros que entregan en las comunidades rurales o indígenas, como una manera de aportar al fomento lector y a la cultura.
Felipe empezó en esta singular tarea después que su promisoria carrera como futbolista profesional se viera tronchada por el corte de ligamentos de una de sus rodillas y ha tenido la oportunidad de viajar hasta California, México, Centroamérica y, ya más lejos, a China y conocer Vietnam.
“Vietnam es otro mundo, otra cultura. Hay tanta gente en sus ciudades, que uno perfectamente puede demorarse largos minutos en cruzar una calle por el tráfico de todo tipo de vehículos, autos, buses, motos y, obviamente, personas”, recordó Felipe.
Florencia lo acompaña en esta tarea, la de pedalear difundiendo cultura, fomentando la lectura y jugando con los niños más pequeños.
“Con Felipe nos conocimos en Buenos Aires y dejé atrás mis estudios de diseño paisajístico”, dijo Florencia y ahora se aprestan, con la ayuda de empresas y personas de buena voluntad a reunir la mayor cantidad de libros que se pueda ya que tienen previsto llegar hasta las escuelas de Dorotea, Seno Obstrucción y Puerto Edén.
Pero eso no es todo: han estrechado lazos de tal profundidad que confían en que podrán llegar hasta la lejana escuela de Villa Las Estrellas, a bordo de una unidad de la Tercera Zona Naval.
Claro que si este viaje fructifica y llegan al continente blanco, las “Bibliocletas por el Mundo” deberán estar protegidas del frío antártico.