“Tratado de Paz y Amistad de 1984 reviste una importancia superlativa”

El
29 de noviembre de 1984, en los salones del Vaticano, los
representantes de Argentina y Chile, al alero del Papado y la
participación notable del cardenal Antonio Samoré, firmaron el Tratado
de Paz y Amistad entre ambos países.

Unos
seis años antes, la frontera común pudo haber estallado en las llamas
de un conflicto bélico de impredecibles y, obviamente, lamentables
consecuencias para ambas naciones y sus pueblos.

Pero
el Papa Juan Pablo Segundo medió y se la jugó por la paz, confiado en
la gestión del cardenal Antonio Samoré y la Iglesia Católica de ambos
países.

Al
cumplirse treinta y tres años de esa ceremonia de alta diplomacia, se
consultó a Jorge Insausti, cónsul general de Argentina en Punta Arenas,
un hombre inteligente, muy profesional, amigo de sus amigos y de
convicciones claras, las que defiende con el entusiasmo de los
convencidos de luchar por una causa noble: la integración y el
desarrollo de Argentina y Chile.

¿Qué importancia le atribuye al Tratado de Paz y Amistad de 1984, firmado entre Chile y Argentina?

“El
Tratado de Paz y Amistad de 1984, firmado en el Vaticano el 29 de
noviembre de ese mismo año, entre Chile y Argentina, reviste una
importancia superlativa, no sólo porque zanja definitivamente un
conflicto que casi nos llevó al umbral de una guerra fratricida que
afortunadamente y gracias a la providencial intervención del Santo Padre
y la diplomacia vaticana, no se concretó, sino también, porque sentó
las bases de una nueva y esperanzadora relación bilateral, fundada en la
paz y la amistad, marco referencial que debe regir las relaciones entre
dos pueblos y gobiernos hermanos y civilizados. La firma de este
acuerdo constituye, sin lugar a dudas, un verdadero punto de inflexión y
de reflexión en la relación bilateral, que marcó un hito en la historia
de las relaciones de nuestros pueblos y gobiernos, mostrando el
derrotero por el que se debe transitar en un mundo signado por la
sensatez y la cordura, enmarcado en la irrenunciable vocación por el
respeto al derecho internacional y la definitiva consagración de la
democracia como forma de vida de nuestros pueblos”.

-¿Se han cumplido las expectativas de entonces?

“Dicen
por ahí, que los países que no tienen fronteras comunes, tienen mayor
propensión a mantener buenas relaciones, y algo de verdad puede haber en
ello. Pero entonces, me pregunto, ¿con más de cinco mil kilómetros de
fronteras comunes, qué maravilloso y extraordinario ejemplo de buena
vecindad, amistad y respeto, ofrecemos al mundo argentinos y chilenos.
Porque, en rigor, de verdad, durante toda nuestra historia jamás tuvimos
un enfrentamiento. Por eso, debo ser categórico: sí, las e
xpectativas
se han cumplido y se seguirán cumpliendo durante mucho tiempo más,
porque el proceso de integración, cooperación y acercamiento en el que
están decididamente comprometidos nuestros pueblos y gobiernos, es
irreversible”.

-¿En qué se basa su afirmación?

“Abonan
mis dichos, los numerosos acuerdos firmados con posterioridad a 1984,
en todos los órdenes de la relación bilateral. Entre ellos, debe
destacarse la firma del Tratado de Maipú, de integración y cooperación
en el año 2009, que establece, de manera pormenorizada y detallada el
andamiaje jurídico institucional apropiado para avanzar, de una vez y
para siempre, en este proceso de integración y cooperación, que día a
día nos muestra la palmaria voluntad política de dos pueblos y dos
gobiernos en busca de su destino común y de grandeza”.

¿Cómo aprecia las relaciones actuales entre Chile y Argentina?

“El
nivel actual de las relaciones entre la hermana República de Chile y la
República Argentina transita, si no el mejor, uno de sus mejores
momentos. Ocurre que el trabajo de la diplomacia es una tarea silenciosa
y sutil, de marchas y contramarchas; cuyos avances y resultados muchas
veces escapan al conocimiento de los ciudadanos comunes. La gente, por
lo general, visualiza estos avances y progresos en los distintos pasos
fronterizos cuando tienen que hacer los trámites migratorios y
aduaneros, y juzgan el progreso por el tiempo que tardan en hacerlos.
Pero lo cierto es que ambas diplomacias, chilena y argentina, trabajan
de manera conjunta, coordinada y permanente con el propósito de
encontrar soluciones a los diferentes problemas que se suscitan,
facilitando el tránsito de personas, mercaderías, etcétera, para
facilitarle la vida a la gente”.

¿Qué rol juega Punta Arenas en este proceso?

“Punta
Arenas juega un rol fundamental en este proceso, porque tal como una
musa inspiradora por sus encantos y bellezas, atrae de manera singular y
permanente a miles de argentinos que vienen a disfrutarla todos los
fines de semana, a hacer compras en la zona franca y en el mall, y en
los distintos comercios, a consumir sus ofertas turísticas y su
gastronomía, entre otras cosas. Un dato curioso de esta ciudad es que
carece de asociación de argentinos, como ocurre, en cambio, en la gran
mayoría de los países. Y ello es así por el alto nivel de identificación
de sus habitantes con esta región austral. Habitantes singulares, de
espíritus forjados en una amalgama de frío, viento y escarcha, que los
hace únicos: magallánicos y patagónicos. Directos y frontales,
erradicaron los eufemismos de su lenguaje, pero no así la calidez y
cordialidad que los caracteriza”.

¿Qué se puede esperar en el futuro de chilenos y argentinos?

“Sin
lugar a dudas, la sociedad humana ha evolucionado ostensiblemente para
mejor. Y de ellos hay innumerables pruebas. En el siglo pasado, a esta
altura, la humanidad ya estaba embarcada en una conflagración mundial, y
ese tristemente célebre siglo veinte estuvo signado por la sangre, el
horror y la muerte. Más de 200 millones de vidas se perdieron sólo por
causa de la guerra en ese lapso. Claro que estamos mucho mejor y debemos
ser optimistas. Se ha avanzado notablemente en el respeto de los
derechos humanos fundamentales en todo el mundo. En el respeto al
derecho internacional, a los valores de la democracia. Pero no debemos
bajar los brazos, porque si bien surgen grandes líderes en el mundo, que
responsablemente optan por el camino de la Paz entre los pueblos, de
tanto en tanto, aparecen de los otros. Ahora bien, respondiendo a la
pregunta concretamente, digo que sí, por supuesto hay que dar pasos
hacia adelante. Las relaciones entre las naciones como las relaciones
entre las personas, son esencialmente, dinámicas, las circunstancias van
cambiando continuamente y el futuro nos enfrenta constantemente a
nuevos desafíos. Hoy, Chile y Argentina están transitando una senda de
paz y amistad consolidada en el propósito de construir nuevos y más
puentes de buena vecindad y entendimiento, de túneles y nuevas vías de
comunicación. Obras de integración física, de gran magnitud y muchos más
proyectos para el futuro”.

¿Qué mensaje le entregaría a los chilenos y argentinos, desde aquí, en la Patagonia?

“Yo
les diría que, en mi modesta opinión, la mayor realización del hombre,
hablando genéricamente, por supuesto, es convertirse en un ser
civilizado y útil a la sociedad a la que pertenece. Un hombre que,
además, intente solucionar sus problemas por vías pacíficas, sin apelar a
ningún tipo de violencia. Y que el mundo civilizado, representado a
modo de ejemplo, por la Unión Europea, nos brinda un claro ejemplo de
integración e inclusión real, y de los beneficios que ello trae
aparejados a sus socios. Las asimetrías en las economías de los miembros
que la integran, son enormes. Sin embargo, sus grandes motores derraman
beneficios en forma solidaria a los más débiles, integrando e
incluyendo a casi todos. Comparto el sueño kantiano de una aldea global
y, ojalá, argentinos y chilenos podamos dar el ejemplo en estas
latitudes”.

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