Investigadora revalúa la figura de Ramón Cañas Montalva

Como aficionada a la historia, Consuelo León, investigadora antártica, manifiesta que nunca he comulgado con la idea de las personas o próceres incuestionables y que, generalmente, son representados como modelos de vida o elevados a niveles inigualables de sabiduría, valentía y entrega al prójimo.

Al respecto, y tras sucesivas visitas a Magallanes,  León expresa que “le ha llamado la atención la creencia que mucho de lo que existe ha sido obra de una persona en particular, llevándome a pensar cómo un sólo individuo pudo ser tan trascendente y que su recuerdo no haya disminuido a través de las décadas. Me refiero a Ramón Cañas Montalva, una figura un tanto solitaria y enigmática que encontramos en estatuas de bronce y cuyo nombre comparte tanto un campus militar como un centro deportivo. Para algunos, fue un líder excepcional, para otros un intelectual de fuste, y para todos, un militar que algo tuvo que ver con la Antártica chilena.

“Aunque Ramón Cañas no nació en la zona austral, es -como decía la revista Ercilla en el año 1945- la persona que más acercó “espiritual y materialmente Magallanes a Chile”. Conocía detalladamente este territorio y eligió echar raíces en la zona, casándose con una dama magallánica, lo que indudablemente enriqueció su perspectiva del entorno social y económico que lo rodeaba. Al ser un buen observador de nuestra geografía austral, y al haber conocido los países nórdicos, entendió las potencialidades que la “zona austral antártica” encerraba. Más importante aún, supo transmitir con fuerza la realidad magallánica al indiferente mundo capitalino”, dijo la investigadora.

Consuelo León recordó que la formación académica y dotes intelectuales eran sólidos y amplios; pero lo que más llama la atención fue “su capacidad de transformar sus ideas en conceptos claros y políticas nacionales. Trasmitió sus “tesis” al Ejército y a las esferas políticas capitalinas, logrando que la sociedad chilena sintiera como propia esa macro región que se extendía desde Chiloé hasta el polo sur y que, a su juicio, era sustentable y sólo requería de algunos beneficios tributarios para poder despegar”.

Para la aficionada a la historia “resulta interesante pensar que logró que varios ministros, parlamentarios y dos mandatarios: el estudioso Pedro Aguirre Cerda, en 1939, y el dinámico Gabriel González Videla en 1948, estuvieran en Magallanes y conociesen a fondo la realidad de la macrozona austral, logrando proyectar a Chile como una potencia marítima de mediano tamaño, pero poseedora de un vasto litoral y que controlaba importantes pasos interoceánicos”.

Haciendo un recorrido por la historia, León plantea que “hay quienes dicen que Aguirre Cerda fue el mandatario que “agrandó” e hizo crecer el alma de Chile con su famoso decreto antártico de 1940 y eso es cierto. Pero ello, fue posible gracias a que Cañas se trasladó a Santiago por tres meses para trabajar con la comisión encargada del tema. Más adelante, trabajó entusiastamente con González Videla para lograr que Chile iniciase su presencia permanente en tierras antárticas, estableciendo base Soberanía (hoy Prat) y luego, base O’Higgins”.

“Entre las lecciones que Cañas nos dejó, impresiona su claridad para señalar que nuestros errores diplomáticos no se debían tanto a la perversidad de nuestros vecinos, sino a la profunda ignorancia sobre nuestra geografía. Por ello, incentivó las exploraciones y estudios geográficos y los dio a conocer a través de mapas, escritos y audiciones radiales. Sabía que debía plasmarlo en los habitantes de la región, pero también en la mente de los decisores políticos para evitar errores como los que habíamos cometido en el Tratado Limítrofe de 1881”, dijo León.

La investigadora señala además que referente a lo anterior, se creó una serie de conceptos y tesis que -de forma intermitente- vuelven a ser parte del debate nacional, añadiendo que “el primero y más innovador fue la creación, en los 1940s, del concepto “zona austral antártica”. Posiblemente, fue Aguirre Cerda quien, preocupado que para muchos de nuestros conciudadanos el país terminaba en Puerto Montt, insinuó a Cañas que la región de Magallanes debía aumentar su influencia sobre Aysén y Chiloé, y formar con ellas una vasta y pujante macrozona. Para hacerlo realidad, el mandatario, además, emprendió una sistemática campaña de chilenidad a través de la educación y las instituciones armadas, ya que, a su entender, las naciones tendían a desintegrarse cuando el sentimiento patrio era inexistente o debilitado”. 

Continúa, diciendo que “este concepto de “zona austral antártica” que fue completándose con exploraciones y estudios posteriores, evolucionó a medida que el ambiente internacional y vecinal cambiaba producto de la guerra fría. Cañas, decidió privilegiar la defensa continental y la cercanía a Estados Unidos y fortaleció la visión de un Chile integrado a una amplia zona hemisférica, a la que luego incluyó áreas del Pacífico suroriental. En su pensamiento, si los chilenos lográbamos fortalecer nuestra “conciencia geográfica nacional” y actuar acorde a ella, el país llegaría a ser una “potencia del Pacífico suroriental”. Por ello, se puede sostener que una de las grandes fortalezas del pensamiento de Cañas fue su dinamismo y adaptabilidad frente a los cambios del escenario mundial”.

Esto nos lleva a reflexionar dice la investigadora “sobre dos puntos que tienen interés en nuestro Chile actual: el primero es cómo una persona -aunque sea preparada- logra influir en el sistema político nacional y consigue que sus ideas sean aceptadas e implementadas como políticas públicas. Este tema no es de menor importancia pues pareciera que nuestro país vive en una época de feudalismo político y administrativo, con carencia de objetivos nacionales, de forma tal que toda idea parece quedar empantanada e inerte. Los menguados fondos públicos, además, terminan sin colaborar al progreso nacional y normalmente en los bolsillos indebidos. A cualquier persona que le preocupa el futuro de Chile, le conviene revisar el estilo con que Cañas sorteó los problemas de distancia, discrepancia política y comunicación de la época; cómo graficó sus tesis de manera tal de hacerlas comprensibles por el público y las instituciones; y cómo se relacionó con el estamento académico e intelectual para conformar un pensamiento común, no homogéneo, pero que integraba diferentes perspectivas. Es también interesante entender cómo siguió forjando ideas y políticas que orientaran el destino antártico nacional estando ya retirado del Ejército”.

Respecto al segundo punto, dice que “debemos reconocer el peligro que significa para cualquier país el quedarse anquilosado en conceptos y tesis antiguas, que antaño tuvieron un enorme valor, pero que el avance tecnológico y científico obliga hoy a completar o transformar. Siendo el pensamiento de Cañas tan dinámico e inquisitivo, parece inadecuado que hoy nos limitemos a repetir lo que era válido a mitad del siglo pasado, pero que -si conociéramos a fondo su pensamiento- nos veríamos obligados a reestudiar y replantear”.

Finalmente, Consuelo León recordó que “en el año que la conferencia de SCAR (Comité Científico para la Investigación Antártica) se realizará en Chile, conviene recordar la forma en que Cañas, ya como civil, logró convencer al estamento político, militar y académico para que nuestro país participase en el Año Geofísico Internacional y en las conferencias que llevaron a la creación del vigente Sistema Antártico. Gracias a su esfuerzo y al de las instituciones involucradas, Chile logró ser un miembro activo de la comunidad antártica. Este año, junto con celebrar la presencia permanente de Chile en base O’Higgins, resulta conveniente reflexionar sobre los nuevos y viejos desafíos del mundo antártico y analizando el itinerario mental de Cañas, quizás, podríamos diseñar nuevos conceptos o estrategias para que Chile no sólo invierta económicamente en el tema antártico, sino que se prepare para sacarle el mejor partido a la inversión que realizamos en esa parte austral de nuestro territorio”.

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