El
cambio climático ha modificado las condiciones ambientales y los
regímenes de precipitación a nivel global. Muchos lagos salinos se están
reduciendo a tasas alarmantes, disminuyendo el hábitat de la fauna
acuática y los beneficios ambientales y económicos, mientras amenazan la
salud humana y la ganadería. Los lagos salinos superficiales, de aguas
poco profundas, son fluctuantes en el tiempo, a merced de las
condiciones climáticas. A medida que aumentan las temperaturas y
persisten las sequías, disminuye el nivel del agua, creando desecación
del lecho lacustre. El polvo de este lecho, expuesto a fuertes vientos,
genera polvaredas que empeoran la calidad del aire con partículas en
suspensión que se depositan sobre la vegetación y fauna.
Este
fenómeno no es único; en el mar de Aral en Asia Central, el cuarto
cuerpo de agua más grande del mundo se transformó en un desierto. En las
Tierras Altas Centrales de México y el altiplano andino en Bolivia, la
disminución de las lluvias y el aumento de la temperatura han generado
la disminución de los niveles de los lagos. Un caso cercano es la Laguna
de Aculeo, ubicado a 50 km al sureste de Santiago en la localidad de
Paine, que ha disminuido su espejo de agua en un 96,4 %.
El
caso de Laguna Blanca no es único en Patagonia, pero debido a su
magnitud, es el más importante en el extremo austral de Chile.
Exploramos las causas y algunos efectos ambientales del reciente colapso
del mayor cuerpo natural de agua superficial salina de la región de
Magallanes, que disminuyó en el verano de 2024 en un 90 % su espejo de
agua.
Este
evento pasó desapercibido durante muchos años. INIA Kampenaike advirtió
hace 13 años sobre lo que estaba sucediendo con las aguas
superficiales, pero fue recién en 2021 cuando los vecinos comenzaron a
preocuparse al observar una gran nube de polvo que se levantaba hasta
100 m de altura. En 2022, las nubes y la polvareda se hicieron más
frecuentes, especialmente en primavera y verano, asociadas a los fuertes
vientos y la falta de lluvia, lo que generó graves problemas
productivos, sociales, económicos y ambientales.
Se
pueden identificar como causa primaria la disminución de la
precipitación durante los últimos cuatro años. Si continúa el colapso de
este cuerpo de agua, podría tener un impacto severo en la flora y fauna
debido a la pérdida de servicios ecosistémicos como la regulación del
clima, implicando un aumento potencial de la temperatura al quedar una
gran superficie de arcilla blanca al descubierto. La laguna es muy
importante para los habitantes de la comuna que lleva su nombre, una
pequeña comunidad con una tradición ganadera.
Esta
situación ya no es un caso aislado, por lo que se deben impulsar
políticas para el desarrollo de planes de contingencia eficientes
respecto al déficit hídrico que ha afectado a casi toda la región. El
caso de Laguna Blanca ha llevado al abandono del campo Puesto la
Península (2200 ha) de producción ovina. Aunque la restauración del
ecosistema podría llevar a la recuperación de algunas funciones
ecológicas, este proceso es difícil e incierto, especialmente si las
especies clave del conjunto biótico original han sido afectadas. La
restauración con una especie palatable también podría verse afectada,
como es el caso de la halófita nativa Salicornia magellanica.
En
conclusión, el caso de la Laguna Blanca ejemplifica los desafíos que
enfrentan los ecosistemas áridos de la Patagonia debido al cambio
climático. Es fundamental tomar medidas urgentes para proteger y
recuperar estos cuerpos de agua, no sólo por su valor ecológico, sino
también por su importancia para las comunidades locales y la
biodiversidad regional.