Sólo falta un paso. Noventa minutos para ilusionarse con ir por una
copa que le ha sido esquiva.
Hoy, a partir de las 20.30 horas, “La Roja”
sale a ratificar la historia, que dice que Perú nunca ha ganado en tierras
nacionales por partidos oficiales, y a confirmar el nivel in crescendo que los
de Sampaoli vienen mostrando desde que se inició el torneo.
De misterio poco. El técnico ya no juega a las
escondidas como lo hizo al inicio del proceso. Los cambios, los experimentos de
la génesis se terminaron; hoy todo hincha es capaz de dar la alineación, salvo
por los imponderables, en este caso la sanción de tres partidos a Jara que lo
deja fuera del torneo, y por la rotación en franja izquierda de Mena y
Beausejour.
La propuesta de Chile es conocida y se mantendrá
inalterable, con mucha presión arriba y con los resguardos necesarios para
evitar los mano a mano en el fondo. La interrogante es Perú, aunque en esta
oportunidad Sampaoli parece estar más preocupado de mantener el nivel de sus
dirigidos que de lo que vaya a proponer la escuadra de Ricardo Gareca.
El blondo técnico argentino sí ha jugado a los
misterios. En la conferencia de prensa, tras el término del partido ante
Bolivia, sólo esbozó una sonrisa y tiró la pelota al córner cuando se le
preguntó cómo le jugaría a Chile.
En lo que va del torneo, los del Rimac han
mostrado dos caras: por un lado un juego de contención, basado en recuperar y
salir rápido al contragolpe y, por otro, un planteamiento ofensivo en base a la
tenencia de balón, el sello de buen trato al balón que históricamente fue
patrimonio de los peruanos.
Sin embargo, la misión será difícil para los
visitantes. Deben acabar con la historia y, peor aún, con el buen juego de “La
Roja”, que parece haber aprendido a manejar los tiempos, ser pensante y sumado
la virtud de la paciencia.
Patricio Yáñez (en el programa radial “Deportes
en Agricultura”), que algo sabe de fútbol, fue enfático en señalar: “Si Chile
fue capaz de ganarle a Uruguay, le gana a cualquiera”.
Perú no va a salir a regalarse, no va a ir de tú a tú, pero tampoco
puede refugiarse e intentar defender un marcador a la uruguaya, porque no es la
esencia de su juego y porque tampoco tiene los jugadores para colgarse de su
arco.
Ese es el dilema de Gareca, técnico más bien
pragmático y que basa su discurso en el convencimiento a sus jugadores y en la
importancia de los procesos largos. “Fui contratado para instalar a Perú
nuevamente en un Mundial, no para ganar la Copa América”, aseguró el técnico
que fue rey en Vélez, estuvo a un paso de firmar en la U y que fracasó de
manera estrepitosa en el Palmeiras de Valdivia.
Pero cada partido es una historia diferente,
son momentos, buenas o malas tardes, y el fantasma de la irregularidad ha
tenido la crueldad de dejarse caer sobre los chilenos en más de una
oportunidad, por no decir casi siempre.
Sin embargo, si aquella mala suerte nos ha
puesto de cabeza con los del Río de la Plata, sí ha sido una aliada a la hora
de enfrentar a peruanos y boliviano.
Con todos estos argumentos, desde el fútbol
hasta la suerte, esta tarde-noche “La Roja” tiene una oportunidad única de
acceder a la final y dejar la copa en casa. Y más aún, de iniciar un nuevo
tiempo en el fútbol chileno y sudamericano, casi como una casualidad de lograr
un título que, desde siempre, han ganado los mismos.
(Texto : Alejandro Salazar)