Concluyó la cuadragésima segunda versión del Gran Premio Internacional
de Tierra del Fuego y juzgando la cantidad de pilotos que finalizó, este año
hubo más desazones que alegría en la ruta que une Porvenir con Río Grande.
Sólo 80 máquinas cumplieron el objetivo fundamental de este certamen,
que era finalizar la competencia, recorriendo los más de 800 kilómetros luego
de dos días de intensa carrera, y junto con esto, siete campeones se alzaron
con el título de cada categoría en este fin de semana de aventura tuerca.
El primer día de carrera fue un agrado para los asistentes de este
gran espectáculo. Pisos secos, buen clima, auspiciaban una gran carrera. El
clasificatorio era la vitrina para ver quienes se jugaban el todo por el todo
por hacerse con la corona de este año. El segundo día de competencias (sábado)
las cosas parecían mantenerse iguales, y el público disfrutó de sobremanera
esta jornada. Las cosas se complicarían el domingo, por el frente de mal tiempo
que con su singularidad simpatía predispuso rachas de viento de más de 100
kilómetros por hora, nevadas que de por cierto, hacían más difíciles las cosas
para los pilotos.
El rugido de los motores extasió una y otra vez a los espectadores que
se agolpaban en los costados de la ruta, para intentar vivir la emoción que los
binomios vivían en carne propia. Las fotos y los videos fueron los invitados de
honor en esta competición, graficando de manera exacta lo que vivieron quienes
la desarrollaron. De las imágenes espectaculares a las más escabrosas.
El día de la segunda etapa (Domingo) las cosas cambiaron. Durante esa
madrugada nevó y llovió complicando el panorama. Quizás el clima intentó
ponerle otro condimento a la carrera que en su primera etapa ya había sido muy
dura.
En Russfin, varios pilotos sufrieron el rigor de
la Patagonia y unos cuantos más tiraron la toalla al verse totalmente
superados. Según lo comentado por los pilotos, la extensión de la laguna de ese
sector llegaba a los 5 kilómetros