A 54 años de la reinauguración del Monumento al Ovejero

La voz firme resonaba en el silencio de aquella fría jornada. Los
versos del poeta José Grimaldi emocionaba a los asistentes, y muy en especial a
Abel Oyarzún, el ovejero que había servido de figura para la obra del escultor
Germán Montero Carvallo.

Domingo 1 de abril de 1962. Cientos de personas se daban cita poco
antes de las 11 horas en el bandejón central de Avenida Manuel Bulnes para
asistir a un momento emotivo y de gran significado para la comunidad: la
inauguración del Monumento al Ovejero.

El grupo escultórico había sido financiado por el filántropo, ganadero
y ex cónsul de España, Francisco Campos Torrealba a principios de 1940, en el
marco de un proyecto impulsado por el general Ramón Cañas Montalva. Cuatro años
después la primera parte de esta obra era inaugurada. Las esculturas
correspondían al joven artista Montero Carvallo, quien se desempeñaba como
profesor de la Escuela Industrial de Punta Arenas. El propio escultor solicitó
a José Grimaldi la colaboración para encontrar un hombre que le sirviera de
modelo. El poeta llegaría hasta la estancia Mina Rica, donde trabajaba Abel
Oyarzún. Días después el ovejero posaba en talleres de Avenida Colón, cerca de
costanera, junto a su caballo Santiago y sus perros Black y Valiente.

La ceremonia de 1962

Aquella mañana de 1962, era Francisco Campos Menéndez quien entregaba
la obra a nombre de su padre Francisco, quien había fallecido justamente un año
antes. En su discurso, diría: “Hace cerca de 20 años, el 18 de febrero de 1944,
en este mismo lugar, mi padre hizo entrega a la Ilustre Municipalidad de
Magallanes del primitivo Monumento al Ovejero, ceremonia inaugural que se vio
realzada con la presencia del entonces Presidente de la República, don Juan
Antonio Ríos. En verdad, nos consta que, desde aquella fecha, constituyó un
permanente empeño del donante procurar la remodelación en bronce de las
magníficas figuras, antes esculpidas en granito, que componen el actual grupo
escultórico”.

Su padre había señalado en ese mismo lugar que “el Monumento al Ovejero
será un hito que señale gratitud a los forjadores de ayer, esperanza a los
luchadores de hoy y ejemplo a las generaciones de mañana. De ese ovejero
nuestro que inspiró los versos del poeta Grimaldi, la surgido la imagen
corpórea de este monumento: es el símbolo del hombre de campo magallánico,
rodeado de sus inseparables compañeros de faenas: el rústico caballo, fieles
perros y piño de mansas ovejas que va arreando en silencio y con paciencia
frente al viento que lo curte a través de la soledad inmensa y bravía”.

Justamente aquel 1 de abril de 1962, José Grimaldi Acotto recitaría
sus versos ante la emoción del ovejero Abel Oyarzún y de una comunidad que veía
cómo el alcalde de la comuna Ernesto Guajardo Gómez cortaba la cinta y el
obispo diocesano, monseñor Vladimiro Boric, bendecía la obra.

“EL OVEJERO DE MI TIERRA”

No es el gaucho de la pampa

ni el “cow boy” de la pradera,

ni es el huaso, ni es el charro,

el ovejero de mi tierra.

Es un símbolo viviente

del empuje y la paciencia,

frente al viento que lo curte

y al silecio que lo aprieta.

Va clavado en su caballo,

tranco a tranco, legua a legua,

con la voz guardada adentro

y la vista siempre alerta.

Ni usa típicos vestidos

ni le cuelgan pistoleras.

No le teme a las lloviznas

ni a los fríos que lo queman.

Va tras de su “piño”

-mar de lana- por la senda.

Y a su mágico silbido

corre el perro de faena.

Yo lo he visto muchos días

empeñado en su tarea.

Y lo he visto muchas noches

contemplar las estrellas.

Solitario y pensativo,

siempre tras de sus ovejas,

¡es un rey sin trono fijo

el ovejero de mi tierra!

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