Las singulares
presiones de los habitantes de regiones del centro del país no han tenido éxito
ante el Estado chileno para modificar el huso horario y aplicar el denominado
“horario de invierno”.
Así lo
declaró, en términos perentorios, el actual ministro de Energía, Máximo
Pacheco, quien agregó, hace unos días, que “absolutamente, ya no hay tiempo” y
que se mantendrá ese horario durante este año.
Además,
planteó que la medida solicitada no es tema de interés en las regiones extremas
de Chile y que en la zona central se aplicarán estudios y el necesario
monitoreo “para estar seguros que estamos actuando de buena manera”, dijo la
autoridad ministerial.
Es que,
a la luz de una serie de publicaciones, declaraciones de presuntos expertos,
sicólogos y opinólogos avencidados en Santiago, principalmente en medios
televisivos, se habla del “sacrificio” que representa iniciar las actividades
diarias antes que amanezca y que “nuestros niños lleguen a sus escuelas y
colegios cuando aún está oscuro” y “tienen que transitar por calles, avenidas y
pasajes sin la luz del día”.
Profesionales
de la sicología han salido en defensa de esos “sacrificados residentes de
Santiago” y regiones cercanas, afirmando que la oscuridad matinal tiene efectos
negativos en la salud y provocar el
“trastorno afectivo estacional”, un tipo de depresión que afectaría hasta un
cinco por ciento de la población, sin indicar quien o quienes realizaron esa
medición.
Y
agregan que todo cambio genera y provoca respuestas sicológicas, fisiológicas y
emocionales y hacer que las personas puedan sufrir úlceras en la mucosa
intestinal, irritabilidad, fatiga, estrés y otros efectos, entre los cuales se
anota a los cuadros de ansiedad y
trastorno depresivo mayor.
Más
aún, se afirma que nuestro cerebro recibe la luz por las retinas y llega hasta
el hipotálamo para la secreción de melatonina y cortisol, importantes en la
tarea de distinguir entre actividad y descanso y que regulan los ritmos vitales
del día a día y la falta de luz podría afectarlos.
Pero si
fuera así, quienes residieron o están radicados de por vida en Magallanes
sufrirían graves problemas ya que, a lo largo de la historia de nuestra región,
las personas han debido vivir, especialmente en el período otoño–invierno, con
poca luz de día por razones geográficas.
Y a esa
falta de sol, como afirman los expertos regionales, hay que sumar los duros
factores climáticos, como el frío, la lluvia, la escarcha y la nieve, aunque
ésta se ha puesto cada invierno más escasa.
Los niños magallánicos tienen salud sicológica normal y saben, desde
pequeños, como conducirse con la escasa luz de las mañanas invernales de su
tierra natal y, puede afirmarse, que no sufren trastorno alguno por este factor
horario, ni temprano ni por la tarde, cuando regresan a sus hogares.
Es más: para muchos de ellos la oscuridad es un factor que los motiva
a la aventura, a los juegos y al apurarse por llegar a sus escuelas, liceos y
colegios, si sienten frío, o le piden a los padres que los llevan a los
establecimientos educacionales en sus vehículos, que se apuren, pero que
conduzcan con precaución.
El clima ha cambiado y mejorado en forma importante; el sistema
público de alumbrado aunque no es una de las maravillas urbanas de la región y
del país, no está mal y las calles, pasajes y avenidas, con las naturales
excepciones, se encuentran en estado más que aceptable, lo que favorece el
desplazamiento, ya sea a pie o en vehículos motorizados.
Cierto es que hay inquietud en la zona central chilena; que hay un
proyecto de la bancada de diputados de la Democracia Cristiana para que Aysén y
Magallanes tengan horario especial, pero Máximo Pacheco ya “le puso la proa”
puesto que en un país tan largo y angosto como Chile, la idea aparece como
difícil de establecer y más complicado aún, el ponerla en ejecución…si llegara
a aprobarse.
Claro que para los habitantes de la zona central de Chile la esperanza
de “amanecer más tarde” sigue viva, ya que indican que conforman la mayoría de
la población y, por ende, la que mayor representación parlamentaria posee y eso
podría determinar que su petición pudiera ser acogida a través de la respectiva
ley.
Sin embargo, la mayoría de los magallánicos saben que si bien es
cierto que “Dios ayuda a quién madruga”, “No por mucho madrugar amanece más
temprano”… o más tarde
(Fuente : Suplemento Análisis Diario El Pingüino)