“Código Polar” que entra en vigencia en enero buscará proteger a la Antártica

El crucero turístico “Explorer” se hundió en el año 2007, en un punto situado entre las islas Shetland del Sur y la península antártica, en pleno Estrecho de Bransfield.
Pese a la distancia y las condiciones climáticas, el oportuno y eficaz operativo de rescate permitió salvar casi ilesos a sus 154 pasajeros, entre ellos turistas de diversas nacionalidades y la totalidad de la tripulación.
Hoy, fuentes marítimas indican que el buque turístico yace en el fondo marino, a más de 1.300 metros de profundidad, pero en sus estanques guarda una bomba de tiempo anti medioambiente limpio: unas 200 toneladas de combustibles, presas en una cárcel de paredes de acero, hasta ahora resistentes a las presiones oceánicas y al óxido marino.
De haber estado vigente para entonces el “Código Polar”, las cosas podrían haber sido distintas ya que se habría exigido a los armadores y operadores del navío que su tripulación debería haber alcanzado altos niveles de capacidades para navegar en esas peligrosas aguas; haber podido contar con equipos de cubierta debidamente protegidos del frío de esas latitudes y haber utilizado combustibles livianos, de fácil evaporación y los sistemas de manejo de las “aguas negras” hubiesen sido más modernos y eficaces.
Pero no existía el “Código Polar” por esa fecha y sólo se concretó al cabo de cinco años de arduo trabajo de los especialistas de la Organización Marítima Internacional.
Sin embargo, desde hace más de un año, en que ha estado en un período de “marcha blanca” operacional, la Armada de Chile ha empezado a difundir los términos y alcances de una normativa internacional que, a todas luces, busca proteger y conservar limpio el medio ambiente antártico y para que los operadores de buques turísticos que hacen el “track” hasta esas latitudes adecuen sus sistemas a la nueva regulación.
De hecho, la International Association of Antartic Tours Operator (IAATO, Asociación de Operadores Turístico en la Antártica, ya ha planteado y sugerido que, a partir del próximo año, estas naves no lleven más de 400 personas por viaje, número que incluye tripulación y pasajeros.
En su oportunidad, en declaraciones formuladas al corresponsal del diario El Mercurio, agentes navieros, operadores, autoridades y la misma Armada, han vuelto a reiterar la importancia de Punta Arenas como “puerta de entrada al continente antártico”, ya que se espera que a través de esas actividades, este puerto austral llegue a ser un centro de servicios a la navegación antártica, como lo anhela el propio Milenko Buljan, de Agunsa.
Por su parte, desde la empresa “Antartic XXI”, a través del ingeniero, socio y ejecutivo,  Jaime Vásquez, se hizo saber que las exigencias que plantea el “Código Polar” hará que los cruceros naveguen suficiente y debidamente equipados con el fin de evitar accidentes.
Por su parte, el comandante Jorge Himhoff, jefe del Centro de Instrucción y Capacitación Marítima de la Armada chilena, indicó que ante un creciente tráfico marítimo hacia el continente antártico, se decidió mejorar los estándares de las naves y los conocimientos y habilidades de los tripulantes, claro que, por tratarse de aguas internacionales, cada país será responsable del cumplimiento de las exigencias planteadas para proteger el medio ambiente antártico.
Finalmente, autoridades regionales de Magallanes, como el intendente Jorge Flies y personeros vinculados a la presencia científica y de soberanía en la Antártica, estas acciones constituyen una oportunidad notable para que Punta Arenas siga desarrollando una plataforma de servicios logísticos para todos quienes se dirigen al continente blanco.
Y las esperanzas son fundadas porque, de acuerdo con los antecedentes que ya circulan en fuentes marítimo – portuarias locales, los cruceros que empiecen a llegar, cumpliendo la normativa del “Código Polar” serán nuevos, de una maniobrabilidad mayor y con altos estándares de seguridad en la navegación, para garantizar no sólo la vida humana en los hostiles mares australes, sino que, además, mantener impoluto el medio ambiente antártico.

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