Las
primarias en Magallanes dejaron el sabor de una escasa participación.
Apenas se superaron los 6 mil electores. Y algunos han intentado
responsabilizar de esta baja participación al Gobierno, al Servel o a la
ausencia de una franja televisiva. Cada uno puede tener su opinión al
respecto. Sin embargo, la tarea ahora es dura para los partidos
políticos, quienes serán los encargados de entusiasmar y movilizar
electores. Es perfectamente entendible que estas primarias se realizaron
de manera poco sistemática y con presencia de la peor pandemia de
Coronavirus y un alto temor de la ciudadanía, pero ello debe llevar a
profundas reflexiones acerca del futuro electoral a las dirigencias
políticas. Es posible incluso que el mecanismo de primarias esté
perdiendo adhesión. La fórmula que muchos dicen “llegó para quedarse” se
desarrolló inicialmente con fuerza en Estados Unidos, como una forma de
quitarles control a los partidos políticos en la selección de
candidatos. En la experiencia comparada, sin embargo, el sistema es
menos habitual de lo que se cree y hay buenas razones para ello. Los
partidos aspiran a representar distintas sensibilidades y visiones. En
esta tarea deben ser consistentes y coherentes, de modo de ser fieles a
su promesa, y la selección de candidatos constituye una forma de lograr
tal propósito, al postular figuras efectivamente comprometidas con su
ideario. En Magallanes, por ejemplo, no hubo grandes acuerdos y solo se
realizó la primaria para gobernadores regionales de un solo sector. Hay
algunos que señalan que esta instancia solo tiene sentido en la medida
en que los liderazgos partidarios sean elegidos de modo democrático y
transparente, cuestión en la que Chile debe todavía avanzar. También hay
que analizar que las primarias pueden, a veces, prestarse a la
apropiación de las estructuras partidarias por parte de caudillos
locales con capacidad movilizadora, pero no necesariamente identificados
con los principios que una colectividad representa.