“Nos sorprende que no logren respondernos una simple pregunta que llevamos haciéndoles desde hace tres años: ¿Cuándo gravarán la riqueza extrema?”.
La pregunta viene de los participantes de la campaña online “Proud to pay more” (Orgullosos de pagar más) y va dirigida a los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en el Foro Económico Mundial (FEM), en Davos, Suiza.
Fue durante el miércoles 17 de enero que los activistas entregaron ahí una carta abierta, en la que exigen aumentar los impuestos a los superricos en todo el mundo.
Millonarios llaman a que se les aumenten los impuestos
Lo especial de la campaña es que en ella participan algunas de las mayores fortunas del mundo: 260 millonarios y multimillonarios que se unieron para protestar en contra de la creciente desigualdad social a nivel global.
Ellos sostienen que sus demandas no son radicales, sino que representan un “regreso a la normalidad”. “La riqueza extrema e improductiva” puede convertirse “en una inversión en nuestro futuro democrático”, creen.
Valerie Rockefeller, Abigail Disney o la austríaca Marlene Engelhorn, cuya familia fundó la farmacéutica alemana BASF, son algunas de las firmantes de la campaña.
Todas ellas heredaron la mayor parte de sus fortunas, sin haber trabajado para ello, y ninguna está de acuerdo con ello.
Una brecha creciente entre ricos y pobres
A nivel internacional, la brecha entre pobres y ricos es cada vez más grande.
De acuerdo con el Reporte Mundial de Desigualdad 2022, más de una tercera parte de los bienes privados acumulados desde mediados de la década de los años 90 del siglo pasado pertenecen al uno por ciento más rico del planeta.
En cambio, la mitad de la población mundial, los cuatro mil millones de personas más pobres, solo poseen juntos un 2% de estos bienes acumulados.
En el pasado, ha habido varios intentos por gravar más las fortunas extremas. Sin embargo, la implementación política no es tan simple.
Dificultades
“Los firmantes de la petición en Davos son, sobre todo, herederos que no dirigen activamente una empresa y por eso se sienten incómodos con la enorme riqueza que ellos mismos no crearon”, explica Stefan Bach, experto tributario del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW, por sus siglas en alemán), en Berlín. En su opinión, se trata además de “voces individuales”.
Además, algunas fortunas están ligadas a las empresas, sostiene Bach. Bajos impuestos sirven como incentivos para invertir y crear empleos. Las asociaciones empresariales argumentan que, al aumentar los impuestos, se pueden perder inversiones y puestos de trabajo.
Asimismo, según Bach, una ley nacional para gravar la riqueza extrema no tiene mucho sentido, puesto que los multimillonarios fácilmente pueden cambiar sus domicilios a países en el extranjero donde se cobren menos impuestos.
(Deutsche Welle).