Entre las ruinas humeantes del puerto de Beirut, en medio de
edificios reventados, los socorristas buscaban este miércoles a víctimas
de las dos enormes explosiones que causaron al menos 78 muertos y miles de heridos.
La capital libanesa, declarada ciudad “siniestrada”, se despertó
conmocionada tras estas explosiones, de tal potencia que fueron
registradas por los sensores del Instituto Geológico de Estados Unidos
(USGS) como un terremoto de magnitud 3,3.
En el epicentro de la explosión, cuya onda de choque se sintió hasta en la isla de Chipre,
a más de 200 kilómetros de distancia, el panorama seguía siendo
apocalíptico: los contenedores parecen latas de conserva retorcidas, los
coches están calcinados, el suelo, alfombrado de maletas y papeles que
salieron disparados de las oficinas cercanas.
Varios cascos azules a bordo de un barco atracado en el puerto resultaron heridos graves, según la misión de la ONU en el Líbano.
Los socorristas, con la ayuda de guardias de seguridad, buscaron toda
la noche a supervivientes o muertos atrapados bajo los escombros.
Por el momento el último saldo del ministerio de Salud es de 78 muertos y casi 4.000 heridos,
pero podría aumentar durante el día. Los hospitales de la capital,
confrontados a la pandemia del nuevo coronavirus, están saturados.
Día de duelo nacional
El primer ministro, Hasan Diab, decretó para este miércoles un día de duelo nacional y prometió que los responsables “rendirán cuentas”.
El gobierno apunta a un cargamento de nitrato de amonio almacenado “sin medidas de precaución” en el puerto.
“Es inadmisible que un cargamento de nitrato de amonio, estimado en
2.750 toneladas, se halle desde hace seis años en un almacén, sin
medidas preventivas. Esto es inaceptable y no podemos
permanecer en silencio sobre este tema”, declaró el primer ministro ante
el Consejo Superior de Defensa, según declaraciones citadas por un
portavoz en rueda de prensa.
El nitrato de amonio es una sal blanca e inodora que se utiliza como
base para muchos fertilizantes nitrogenados en forma de gránulos,
aminonitratos, altamente solubles en agua. Pero también se usa para
fabricar explosivos y ha causado varios accidentes industriales.
Muchos países propusieron ayuda al Líbano, sobre todo Francia, que envía el miércoles varias toneladas de material sanitario.
El presidente Emmanuel Macron anunció en Twitter el envío de un destacamento de seguridad civil y “varias toneladas de material sanitario” a Beirut.
Estados Unidos también ofreció ayuda, al igual que Alemania, que
cuenta con miembros del personal de su embajada en Beirut entre los
heridos.
Incluso Israel ofreció “ayuda humanitaria y médica” a su vecino libanés, con el que se halla todavía técnicamente en guerra.
El martes se oyó una primera explosión en Beirut, una ciudad de unos
dos millones de habitantes, seguida de otra, muy potente, que provocó
una gigantesca nube de hongo en el cielo.
Los edificios temblaron y las ventanas quedaron destrozadas a varios kilómetros a la redonda.
En las calles de Beirut, soldados evacuaron a habitantes aturdidos,
algunos ensangrentados, con camisetas atadas alrededor de la cabeza para
vendar las heridas.
En una de las entradas del puerto de Beirut, una veinteañera corría
gritando el nombre de su hermano. Otros, como ella, buscaban
desesperados a familiares.
“Era como una bomba atómica. He visto de todo (en mi
vida), pero nada semejante”, declaró a la AFP Makruhie Yerganian, un
profesor jubilado que vive desde hace más de 60 años frente al puerto.
Esta tragedia se produce en un momento en el que el país atraviesa su
peor crisis económica en décadas, marcada por una depreciación
monetaria inédita, hiperinflación, despidos masivos y drásticas
restricciones bancarias.
AFP – Jorge Enríquez