El partido de ultraderecha Chega, que en 2019 entró por primera vez en el Parlamento con un diputado y en 2022 se colocó como tercera fuerza con doce escaños, sigue su ascenso en Portugal, donde este domingo registró un enorme crecimiento, con más de 1,1 millones de votos y cuadriplicar los asientos hasta llegar a 48. La imagen del partido fundado en 2019 está concentrada en su primer y único líder, André Ventura, que ha conseguido sacar provecho del descontento social con un discurso populista e importando la fórmula que formaciones del mismo espectro han puesto en práctica en otros países europeos, como Vox en España.
El carismático Ventura, de 41 años, llegó a plantearse ser cura en su juventud, pero acabó como profesor universitario y miembro del Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha), y adquirió fama como comentarista deportivo, siempre del lado del Benfica, uno de los clubes más importantes de Portugal.
Frustrado por su fallida candidatura con el PSD en las municipales de 2017, lanzó Chega en 2019 y consiguió entrar en el Parlamento como único diputado. Su presencia en la Cámara fue un altavoz para el partido, desde entonces presente con frecuencia en los medios de comunicación y protagonista de polémicas por comentarios xenófobos y racistas.
En su primera legislatura pidió la deportación de una diputada de izquierda originaria de Guinea Bissau y vertió comentarios contra la comunidad gitana, hasta llegar a proponer que se les confinase durante la pandemia.
En 2021, Ventura se presentó como candidato a las presidenciales y, aunque estuvo lejos de vencer al actual jefe del Estado, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, logró situarse como el tercer aspirante más votado. El partido disparó su presencia en el Parlamento en las legislativas de 2022, en las que pasó de uno a doce diputados gracias al 7,18 % de los votos.
Dos años después, ha multiplicado casi por tres ese porcentaje
En los últimos años, Chega ha votado en contra de la eutanasia y ha presentado propuestas como la castración química para los condenados por delitos de violencia sexual. También explota la idea de que la inseguridad en el país está vinculada a la inmigración y defiende una “limpieza” de los corruptos en Portugal, lema elegido para esta última campaña electoral.
Además, se codea con otros miembros de la ultraderecha europea y durante sus campañas ha contado con la presencia y el apoyo de líderes como Santiago Abascal (España), Marine Le Pen (Francia), Matteo Salvini (Italia) o Viktor Orban (Hungría).
Aun así, él mismo niega que el partido sea de ultraderecha y este domingo lo defendió así ante los periodistas presentes cuando fue a votar: “No somos de extrema derecha”. Hasta ahora, el resto de partidos le han hecho un ‘cordón sanitario’: no lo dejaron elegir un vicepresidente de la Asamblea de la República pese a ser tercera fuerza y no han apoyado ninguna de sus propuestas en la Cámara.
El líder de la conservadora Alianza Democrática (AD), Luís Montenegro, vencedor de las elecciones, ha asegurado por activa o por pasiva que no pactará con Chega. Pero otras voces dentro de la derecha tradicional no lo descartan si es la forma de conseguir gobernar.
“Un país fracturado”
Hace dos años, el socialista Antonio Costa consiguió mayoría absoluta con 41,4% de los votos, pero su gobierno no resistió a su implicación en una investigación sobre tráfico de influencias contra su jefe de gabinete.
“El huracán Chega vuelca el país hacia la derecha”, tituló el lunes el diario popular Correio da manha. El diario Jornal de Noticias resumía así la situación: “Una victoria frágil, un país fracturado”.
“A partir de ahora, las fuerzas democráticas tendrán que ver la victoria de Chega como un fracaso que les pertenece”, comentó en su editorial el diario de referencia Publico. Tras los resultados, el líder de AD reivindicó una victoria “ineludible” y dijo querer gobernar con una “mayoría relativa”.
Para ello, cuenta con la “responsabilidad” de los socialistas, a los que pidió no votar una posible moción de censura junto a Chega para hacer caer al futuro gobierno.
En Portugal, el ejecutivo no necesita un voto en el Parlamento para entrar en funciones. El jefe de los socialistas aceptó su derrota y asumió el papel de líder de la oposición. Pero advirtió que no se sentía obligado a ceder ante el próximo presupuesto del Estado y abstenerse en su aprobación.
Esta será la prueba de fuego de la frágil situación de la centroderecha, atenazada entre la izquierda y la ultraderecha. “El principal riesgo está relacionado con una parálisis parlamentaria y con un gobierno inestable”, que podría verse confrontado a “importantes obstáculos”, comentó la agencia canadiense de calificación DBRS.