El
Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular de la ONU
fue aprobado este lunes en la cumbre que se celebra en la ciudad
marroquí de Marrakech, entre llamados a una cooperación multilateral
para afrontar un fenómeno de dimensión global.
Chile
no estuvo presente. Un día antes de que se concretara la cumbre, el
Gobierno de Sebastián Piñera anunció que no adheriría a la iniciativa.
Pese a la polémica que generó la decisión, el país no es el único que se
ha decantado por restarse. Informó crónica de Emol sobre las otras 14
naciones que no firmaron el acuerdo y sus respectivas razones.
A
finales de noviembre, el Primer Ministro Scott Morrison informó que no
firmaría el acuerdo pues consideraban que este podría comprometer los
intereses nacionales de Australia. “Es inconsistente con nuestras
políticas bien establecidas (…) No creemos que la adopción de este
acuerdo agregue nada para mejorar nuestra capacidad de controlar
nuestras fronteras y administrar nuestro exitoso programa de migración”,
aseguró.
Suiza
Pese
a ser uno de los que más se involucró en los 18 meses de negociaciones
que llevaron al borrador final del acuerdo, los miembros del Consejo
Federal (Ejecutivo) suizo decidieron aplazar la firma del pacto y no ir
hoy a Marruecos. Aunque aseguraron que el acuerdo es compatible con sus
intereses, optaron por someterlo al debate del Legislativo.
También se
evalúa un referéndum. Algunos políticos, especialmente de derecha, se
quejan
de que el pacto podría debilitar su soberanía. Además, el acuerdo se
aparta de la ley suiza en un punto: la detención en espera de deportar a
los menores de 15 años, algo que es legal en el país, pero que el
acuerdo frena.
La
misma opción tomó el Gobierno italiano de Giuseppe Conte. “Es un
documento que trata temas que afectan a los ciudadanos. Consideramos
oportuno, por ello, interrogar al Parlamento y tomar las decisiones
definitivas según el resultado del debate parlamentario”. Ello, pese a
que hace solo dos meses el Premier había comprometido ante la ONU su
firma del acuerdo.
También
es el caso de Hungría y Austria. En el primero, el líder del Gobierno
ultraconservador, Viktor Orban, ha asegurado que considera que el
continente está siendo invadido por inmigrantes musulmanes.
Así, su
ministro de RR.EE., Peter Szijjarto, declaró a mediados de julio que el
pacto de la ONU es “peligroso para el mundo y para Hungría”. Según dijo,
“incitará a millones de personas a tomar la carretera (…) (Hungría) no
considera de ninguna manera que las medidas o líneas directrices del
paquete constituyan la vía a seguir”.
Y
la lista de países europeos continúa: República Checa, Polonia,
Bulgaria y Eslovaquia hicieron sus anuncios uno tras otro. En Praga, el
Ejecutivo liderado por el populista y conservador, Andrej Babis, aseguró
que no ve en el pacto la “confirmación de las obligaciones de los
países de origen de recibir de vuelta a sus ciudadanos”, ni tampoco “un tratamiento distinto entre migración legal e ilegal”. Este mismo argumento esbozó el resto.
Estonia y Lituania, miembros comunitarios, hicieron lo propio.
El Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se basó en el ingreso de inmigrantes ilegales para rechazar el acuerdo
el 20 de noviembre pasado. “Tenemos el deber de proteger nuestras
fronteras contra las entradas ilegales. Eso es lo que hemos hecho y eso
es lo que haremos”, sostuvo, según ‘Times of Israel’.
República Dominicana
El
consultor jurídico del Poder Ejecutivo, Flavio Darío Espinal, afirmó el
4 de diciembre pasado que el pacto tiene “disposiciones contrarias al
interés nacional”, por lo que el país no adheriría a él.
Estados
Unidos fue el primero en decir no. Se restó hace un año, cuando las
negociaciones recién comenzaban. Una situación que no extrañó,
considerando las polémicas iniciativas que ha intentando impulsar el Gobierno de Donald Trump, en su afición por poner barreras -algunas políticas y otras literales- a inmigrantes musulmanes y latinoamericanos.