El gobierno de Estados Unidos reveló el viernes que la
nueva política de tolerancia cero en la frontera con México condujo
desde mediados de abril a que 2.000 niños fueran separados de sus
padres, arrestados por estar ilegalmente en Estados Unidos.
Esta
política ha sido denunciada por la oposición demócrata, pero causa
molestia igual en las filas republicanas. “La señora Trump detesta ver a
los niños separados de sus familias y espera que los dos lados des
Congreso puedan por fin acordar una reforma migratoria exitosa”, afirmó a
CNN la directora de comunicación de la primera dama, Stephanie Grisham.
“Piensa que el país debe respetar la ley pero también debe gobernar con
el corazón”, añadió.
La Casa Blanca reivindica abiertamente esta
política sin negar ese aspecto perturbador. “La gente no quiere ver a
los bebés arrancados de las manos de sus madres”, dijo también el
domingo al canal NBC, Kellyanne Conway, cercana asesora del presidente
Donald Trump.
Frente
a la protesta, el presidente Trump acusó a los demócratas de ser
responsables de esa situación, una acusación que ellos rechazaron en
bloque, y reclamó una vasta reforma migratoria para poner fin al
problema. “Por una vez, los demócratas podrían aportan una solución a la
separación forzada de las familias en la frontera trabajando con los
republicanos para una nueva ley”, dijo el sábado en un Twitter.