El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, subrayó ayer que las autoridades rusas tienen que retirar sus tropas desde la frontera ucraniana, e indicó que cualquier movimiento adicional será interpretado como una escalada “seria” de la tensión.
Rusia “debe retirar sus tropas, emprender el diálogo y respetar los compromisos internacionales”, señaló en la apertura en París de un seminario sobre la transformación de la OTAN, donde mostró su “gran preocupación” por la crisis ucraniana, que plantea nuevas preguntas sobre la seguridad euroatlántica.
Por su parte, Ucrania respondió positivamente a la propuesta rusa de iniciar un diálogo sobre la crisis que vive el país, con la condición de que la Federación disminuya la tensión que causan sus partidarios en el sureste ucraniano, dejando de intervenir en sus asuntos internos.
“Ucrania está dispuesta a la búsqueda de una solución internacional y al diálogo en formatos que puedan garantizar resultados prácticos en un tiempo concreto”, dijo en un comunicado el Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano.
La condición es, según la cancillería ucraniana, que “Rusia cese inmediatamente sus injerencias en los asuntos internos de Ucrania y cumpla sus compromisos públicos para aliviar la tensión”. “La solución pasa por el cese (…) del sabotaje de Rusia contra nuestro Estado, la renuncia a sus planes de invasión, que son una amenaza directa para todos los Estados vecinos y la comunidad internacional, y la retirada de las tropas rusas de las fronteras ucranianas y de la República Autónoma de Crimea”, agregó.
Además, el traslado masivo de unidades especiales ucranianas al este del país, de mayoría rusa, aumentó las tensiones entre Kiev y Moscú, que acusó a los ucranianos de acciones que “podrían provocar una guerra civil”.
Tropas del Ministerio del Interior ucraniano expulsaron entretanto de la sede de la administración local en la ciudad de Járkov a los activistas prorrusos que se habían atrincherado en el edificio y detuvieron a 70 personas.