Aunque no lleva ni 100 días en la Casa Blanca, el presidente Donald
Trump hace alarde de haber vigorizado la economía estadounidense, pero la
fortaleza del dólar amenaza sus promesas.
El propio Trump lo dijo esta semana al diario Wall Street Journal.
“Nuestro dólar se está valorizando mucho y, parcialmente, eso es culpa mía
porque la gente me tiene confianza”, dijo. “A la largo, eso será un daño”,
admitió.
Desde su inesperada victoria en las elecciones de noviembre, los
principales indicadores de la mayor potencia del planeta dan muestra de una
economía cada vez más saludable.
Tanto la confianza de los consumidores como Wall Street alcanzaron
niveles récord gracias a las promesas de Trump de rebajar impuestos, aumentar
el gasto en infraestructura y eliminar reglamentaciones económicas.
Como consecuencia de eso, los inversores se lanzaron a comprar en los
mercados estadounidenses, empujando el alza del dólar que, además, ya venía
subiendo. En un año, el dólar se encareció 6% en relación a una canasta de seis
grandes monedas.
La mejor entre las más avanzadas
“El dólar está alto porque la economía de Estados Unidos se desempeña
actualmente mejor que cualquier otra economía avanzada”, dijo Barry Bosworth,
de la Brookings Institution.
Trump no puede atribuirse todo el éxito. Al subir las tasas de interés
dos veces desde diciembre, la Reserva Federal también le dio un envión al dólar
al reducir el flujo de crédito y atraer a los inversores con la perspectiva de
mayores ganancias.
Para Estados Unidos el dólar fuerte no es totalmente malo: reduce el
costo de las importaciones y el flujo de liquidez permite prestar a bajo costo.
En contrapartida, las exportaciones estadounidenses sufren con el
dólar caro y, en los hechos, eso compromete el objetivo de Trump de reducir el
déficit de la balanza comercial, especialmente la de bienes manufacturados, que
está muy castigada por la competencia de los productos de China y México.
“Hay una contradicción que remonta a uno de los principales mensajes
de su campaña”, dijo Nathan Sheets, subsecretario del Tesoro para asuntos
internacionales durante la presidencia de Barack Obama.
Eswar Prasad, académico de la Universidad Cornell dijo que Trump
admitió que ha llegado a un callejón sin salida.
“Trump parece reconocer la realidad económica de que un dólar más
fuerte puede hacer más difícil alcanzar alguno de sus objetivos”, dijo.
Desde mediados de la década de 1990, Estados Unidos defendió la
fortaleza del dólar, por considerar que torna más firme y atractiva a su
economía. Sin embargo, con el ojo puesto en el enorme déficit comercial
estadounidense, Trump ve las cosas en forma diferente.
Así como “hay muy buenas cosas con un dólar fuerte” también “es muy
difícil competir cuando el dólar es fuerte y otros países devalúan sus
monedas”, dijo al Wall Street Journal.
No obstante, el margen de maniobra del presidente es reducido.