Académico investiga degradación del “ciclo macabro” de zona contaminada

Hace
dos años, Manuel Bravo -académico de la Pontificia Universidad Católica
de Valparaíso y encargado del Laboratorio de Química Analítica y
Ambiental del plantel empezó a estudiar lo que se encontraba en el
sedimento del fondo marino en la bahía de Quintero.

“Ahí, a 20 metros de
profundidad y no al nivel de la arena en la superficie, los niveles de
cobre eran horribles, altísimos”, cuenta. Su equipo se dedica al menos
desde el año 2010 a estudiar eso: las consecuencias que han causado las
emanaciones de las empresas de la zona en el agua, pero también en el
suelo y el aire en el sector de Puchuncaví, Quintero y Ventanas.

“Lo que
queremos hacer es ver cómo va evolucionando esto y determinar qué tan
eficientes han sido algunas nuevas normativas que se le han aplicado a
los procesos”, explica el académico. Su trabajo entrega luces sobre la
realidad que enfrenta la zona, que hace más de una semana fue
protagonista de un episodio tóxico que terminó con más de 300 afectados.
En el lugar, los habitantes exigen explicaciones y la intervención del
Estado, pues aseguran que los niveles de contaminación ponen en riesgo
sus vidas y afectan su salud.

Organizaciones
locales tomaron muestras del agua de pozo que consumen familias en
Ventanas y encontraron altos niveles de arsénico, plomo y aluminio.

¿Qué consecuencias puede traer la exposición a estos elementos?

“Cualquier
metal pesado que se consuma de manera regular en el agua potable se
tiende a acumular y puede generar una serie de trastornos. Los primeros
órganos que se empiezan a afectar son el hígado y los riñones, y de ahí
se pueden generar efectos incluso a nivel motor y de sistema nervioso.
El nivel de exposición claramente va a ge
nerar un efecto. Desde el punto de vista práctico, el riesgo es gigante”.

¿Qué pasa con los planes de descontaminación como el anunciado recientemente por el Presidente Sebastián Piñera?

“Esos
planes hablan de disminuir lo que hoy día se está descargando al medio
ambiente, lo que está muy bien, pero no es un plan con efecto
retroactivo. Es necesario hacerse cargo de lo que ya se descargó y que
se acumula en el suelo. Una vez que el metal llega al suelo, pasan
muchos años antes de que el sector se recupere. Si esperas que el medio
ambiente reaccione y solucione el problema, eso va a tomar años.

Hoy
existen alternativas, hay innovaciones tecnológicas para recuperar un
suelo y que vuelva a ser un valle como lo fue en algún minuto, pero si
se sigue contaminando, ese esfuerzo se pierde”.

¿Cuáles son los efectos de la contaminación del suelo? ¿Cómo actúa ese mecanismo?

“Puchuncaví,
Quintero, Ventanas y todos los sectores alrededor tienen alta presencia
de cobre, arsénico, cadmio y plomo en el suelo, pero claramente no
vinieron del suelo, porque es imposible que se hayan generado como una
planta.

El suelo se contamina fundamentalmente por descargas de material
particulado que sale de las chimeneas de las empresas que trabajan con
este tipo de sustancias”.

¿Qué pasa con los suelos que se usan para cultivo?

“Las
plantas que crecen en el sector y que son para consumo humano también
son una vía de ingreso fundamental. Se genera un ciclo horrible, porque
si las plantas están contaminadas y vienen animales, ellos se alimentan y
empiezan a acumular metales pesados en sus cuerpos. Después eso lo
ingieren los humanos, ya sea a través de la carne, la leche, los huevos,
lo que sea. Es un ciclo macabro para la salud por los efectos que
produce”.

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