El
pasado viernes, en una nueva jornada de protestas y movilización
ciudadana en la región Metropolitana, cuyo centro neurálgico es la Plaza
Baquedano, popularmente rebautizada como “Dignidad”, un grupo de
personas prendió fuego al monumento al vencedor de la Guerra del
Pacífico, lo que provocó diversas reacciones en el mundo social y
político. Desde el Gobierno, condenaron los hechos e incluso la mañana
del sábado el propio ministro de Defensa, Baldo Prokurica, concurrió al
lugar a dejar una corona de flores a la estatua y la tumba del “soldado
desconocido”, ubicada debajo del monumento ecuestre.
El
ministro de Defensa expresó: “condeno enérgicamente la afrenta a la
estatua del general del Ejército de Chile, Manuel Baquedano. La
violencia y la intolerancia no tienen espacio en una sociedad
democrática, y deben ser condenadas y rechazadas con toda la fuerza”.
En
tanto, el Ejercito solicitó retirar el monumento de dicho lugar, con el
objeto de evitar que vuelvan a ocurrir hechos como lo sucedido el
pasado viernes.
¿Quién era el general Baquedano?
Manuel
Baquedano fue un militar chileno, hijo de una familia con antecedentes
militares. Siendo adolescente escapó de la casa materna para ir a
combatir a la Guerra contra la Confederación Peruano Boliviana, eso en
los años 1836 a 1839. A partir de entonces desarrolló gran parte de su
vida adulta en las filas del Ejército: participó en las guerras civiles
de 1851 y 1859 entre conservadores y liberales, y más tarde comandó al
Ejército de Chile obteniendo la victoria en la Guerra del Pacífico.
Al
ser consultado el abogado Claudio Moran, respecto a este hecho y si se
debiese retirar el monumento, éste manifestó que “el monumento a
Baquedano se transformó en símbolo del Chile que amamos. Si cae o lo
destruyen ya solo será cuestión de tiempo, entiendo la posición de
quienes piden sacarlo de ahí, pero creo esa es la solución del sillón de
don Otto”.
“Si
el monumento es símbolo para el triunfo de la insurrección
revolucionaria, entonces lo que debe hacerse es enfrentarla y vencerla,
pero no se hace ni se hará nada, la historia de Kerensky se repite en
Chile”.