El tablero mundial se ha desplazado con fuerza hacia América Latina. En una extensa reunión en Moscú, Vladimir Putin y Xi Jinping han oficializado un eje de apoyo total a Venezuela y Cuba, enviando un mensaje directo de resistencia ante las sanciones de Occidente. El acuerdo no solo busca oxígeno económico para Caracas y La Habana, sino que abre la puerta a una cooperación técnico-militar que ha encendido las alarmas en todo el hemisferio.
La respuesta desde Washington fue inmediata. El presidente Donald Trump calificó la movida como un acto de hostilidad y aseguró que su administración aplicará la política de "América Primero" para impedir que regímenes autoritarios se asienten a pocos kilómetros de sus costas.
Moscú y Pekín han diseñado un plan para "blindar" a sus socios estratégicos, basándose en tres áreas fundamentales:
Elusión de Sanciones: Creación de mecanismos financieros y criptográficos para que Venezuela y Cuba puedan comerciar petróleo y minerales sin depender del sistema SWIFT o el dólar.
La "Franja y la Ruta": China ampliará créditos masivos para infraestructura en telecomunicaciones (5G) y minería, consolidando su control sobre recursos naturales clave.
Cooperación Militar: El anuncio de ejercicios combinados y suministro de equipamiento avanzado ha sido interpretado por analistas como un desafío a la hegemonía estadounidense en el Caribe.
Desde la Casa Blanca, el tono ha sido de confrontación. Trump advirtió que no se quedará de "brazos cruzados" y ya se evalúan sanciones severas para cualquier entidad que facilite estos nuevos mecanismos financieros rusos y chinos.
“Bajo mi mandato, la seguridad de América es primero. No permitiremos que utilicen a Venezuela y Cuba como peones”, afirmó el mandatario estadounidense.
En el Congreso de EE. UU., figuras como el senador Marco Rubio lideran la presión para declarar una emergencia de seguridad nacional, argumentando que los créditos chinos son una "trampa de deuda" destinada a confiscar la soberanía energética de la región.
La noticia también generó reacciones en el liderazgo conservador de Sudamérica. El presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien se encuentra en una gira por Bruselas, manifestó su rechazo al fortalecimiento de las dictaduras regionales mediante potencias extranjeras.
Kast alertó sobre dos riesgos principales:
Ciberseguridad: El peligro de entregar infraestructuras críticas a tecnologías bajo control de regímenes que no respetan los derechos humanos.
Retroceso Democrático: El aislamiento de la región frente a los mercados libres y las democracias liberales.