Venezuela ha entrado en una cuenta regresiva definitiva para recuperar su institucionalidad. La líder de la oposición y figura clave en la transición, María Corina Machado, afirmó que el país cuenta con la capacidad técnica y política para organizar comicios presidenciales libres en un plazo menor a doce meses, situando la posible fecha electoral a finales de 2026 o inicios de 2027.
Estas declaraciones se dan tras su reciente y simbólico encuentro en la Casa Blanca con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien hoy ejerce una tutela política sobre el esquema transicional que lidera —sorpresivamente para muchos— la exvicepresidenta chavista Delcy Rodríguez.
Para Machado, la diferencia fundamental entre los intentos fallidos del pasado y el escenario actual radica en dos factores internos que han cambiado el tablero de poder:
El rol de los cuarteles: Por primera vez en más de dos décadas, las Fuerzas Armadas han manifestado un respaldo explícito al proceso de transición democrática, abandonando el apoyo irrestricto que mantenía la cúpula militar hacia Maduro.
Cultura democrática: La dirigente resaltó que, pese a los años de autoritarismo, la sociedad civil venezolana mantiene una "cultura democrática sólida", lo que permitiría realizar una votación manual (para evitar sospechas de manipulación digital) de manera eficiente.
“Si pudimos movilizarnos en condiciones extremas en julio de 2024, imagínense ahora, cuando tenemos el apoyo de Estados Unidos y la gente siente que no estamos solos”, reflexionó Machado.
Aunque la reunión con el mandatario norteamericano fue de alto nivel, Machado aclaró que no se impuso un calendario rígido desde Washington. Actualmente, el Gobierno de Donald Trump supervisa el interinato de Rodríguez, un modelo de transición que busca una salida "aterrizada" del chavismo residual para evitar un vacío de poder o una guerra civil antes de entregar el mando a un ejecutivo electo.
Respecto a su posible candidatura, Machado ha optado por la prudencia institucional, enfocando su discurso en la legitimidad del proceso antes que en aspiraciones personales, aunque el respaldo popular masivo la sitúa como la favorita natural para la futura contienda.