Durante los últimos días, transeúntes de Zona Franca y en Mall Espacio Urbano de Punta Arenas comentaron la presencia de una joven que llamó la atención por su particular apariencia: llevaba accesorios felinos, que evocaba rasgos de gato. Algunos la fotografiaron, como el usuario de Instagram@bartender_c.nicolas, y el hecho rápidamente comenzó a circular en redes sociales, donde varios usuarios la identificaron como la “primera therian” registrada en la capital regional.
Más allá de la curiosidad que despertó la escena, el caso abrió conversación sobre qué significa realmente este término y de qué se trata este fenómeno cultural.
¿Qué es un therian?
El término “therian” proviene de la palabra inglesa therianthropy (teriantropía), que describe a personas que sienten una profunda identificación —emocional, espiritual o psicológica— con un animal específico.
Es importante precisar que no se trata necesariamente de alguien que crea ser físicamente un animal, sino de una forma de identidad o expresión personal. En muchos casos, los therians explican que experimentan una conexión interna con determinadas especies, lo que puede influir en su manera de expresarse o representarse públicamente.
En redes sociales como TikTok e Instagram, jóvenes de distintos países comparten contenidos donde utilizan máscaras, orejas, colas u otros elementos asociados al animal con el que se identifican.
Diferencias con el movimiento “furry”
Aunque a menudo se confunden, el fenómeno therian no es lo mismo que el movimiento furry.
Un fenómeno generacional
Especialistas en cultura digital señalan que estas expresiones se enmarcan dentro de una generación que explora nuevas formas de identidad, especialmente en entornos virtuales donde encuentran comunidades de apoyo y pertenencia.
En el caso observado en Punta Arenas, no existe información oficial ni declaración pública de la joven involucrada. Sin embargo, el episodio refleja cómo tendencias globales también alcanzan a regiones extremas como Magallanes.
Debate en redes
Como suele ocurrir con fenómenos emergentes, las reacciones han sido variadas: desde curiosidad y apoyo hasta críticas y burlas. Psicólogos coinciden en que, mientras estas expresiones no impliquen conductas de riesgo ni afecten la convivencia, forman parte del derecho a la identidad y a la libre expresión.
Por ahora, el hecho no pasó de ser una anécdota urbana que despertó conversación en la ciudad. No obstante, deja en evidencia cómo las dinámicas culturales contemporáneas —impulsadas por internet— trascienden fronteras y llegan incluso al fin del mundo.