En una jornada que redefine el tablero comercial del Cono Sur, Argentina y Uruguay marcaron un precedente histórico este jueves al convertirse en las primeras naciones del Mercosur en ratificar formalmente el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE). El anuncio conjunto, realizado en un clima de optimismo económico, pone fin a décadas de negociaciones estancadas y envía una señal inequívoca a los mercados globales: el bloque sudamericano —liderado por esta nueva alianza entre Buenos Aires y Montevideo— está decidido a integrarse definitivamente a las grandes cadenas de valor del viejo continente.
La ratificación llega en un momento estratégico para ambos países. Mientras Argentina busca consolidar su agenda de apertura y atracción de capitales extranjeros, Uruguay reafirma su postura de flexibilizar el bloque para dinamizar sus exportaciones. El tratado promete eliminar aranceles para el 90% de las exportaciones regionales, un beneficio que impactará directamente en el corazón productivo de la región: el sector agrícola, la ganadería de alta calidad y la manufactura de alimentos, sectores que ahora ven en Europa un mercado de más de 450 millones de consumidores con barreras mínimas.
La entrada en vigor de este acuerdo supone una transformación profunda para las economías locales, aunque el camino hacia su ejecución total depende de la coordinación con el resto de los socios:
Eliminación Arancelaria: El compromiso de la UE de retirar gravámenes al 90% de los productos sudamericanos facilitará la llegada de carnes, granos y productos procesados.
Efecto Dominó: Se espera que la decisión de Argentina y Uruguay presione a Brasil y Paraguay para acelerar sus propios procesos de ratificación, evitando quedar rezagados en la competitividad regional.
Resistencia en Europa: El principal escollo sigue siendo Francia, donde los gremios agrícolas temen la competencia de la carne sudamericana, lo que augura un debate encendido en el Parlamento Europeo.
Para los analistas internacionales, este avance no es solo económico, sino profundamente político. En un contexto de tensiones entre las grandes potencias mundiales, la alianza Mercosur-UE posiciona a Sudamérica como un socio "de confianza" y estratégico para Europa en materia de seguridad alimentaria y materias primas. Además, para el consumidor local, el tratado promete una baja en los precios de productos importados de alta tecnología, maquinaria y bienes de consumo europeos, mejorando la oferta y la competencia en el mercado interno.
A pesar de las críticas internas de ciertos sectores industriales que temen la competencia extranjera, el mensaje de Buenos Aires y Montevideo es claro: la diversificación de socios es la única vía para el crecimiento sostenible en 2026.