A pocas horas de dejar la Segegob, Andro Mimica soltó una de las autocríticas más directas de su gestión: el Estado le perdió el rastro al crecimiento de Magallanes. Aunque el oficialismo intenta blindar su salida con la entrega de llaves, la realidad de los barrios periféricos terminó por imponerse en sus últimas declaraciones oficiales.
El discurso de despedida se apoya en una cifra de fierro y cemento: 4.200 viviendas entregadas y otras 1.500 que quedan a medio levantar. Según Mimica, este volumen de construcción no tiene precedentes en la región y logró descentralizar la inversión hacia comunas como Primavera y Cabo de Hornos.
Sin embargo, el propio vocero admitió que el ladrillo no es suficiente si el entorno es precario. La incapacidad de planificar sobre un suelo que calificó de "caro" ha empujado a miles de magallánicos a vivir en zonas sin servicios básicos ni conectividad real. "Hay una necesidad real porque el suelo es caro; hay gente que no está viviendo bien y esto es falta del Estado en su conjunto", sentenció, dejando al desnudo la grieta entre el subsidio habitacional y la calidad de vida urbana.
Otro punto crítico que tocó la autoridad fue el impacto del Copago Cero. Mimica defendió la gratuidad, pero sus palabras confirmaron la presión que hoy sufre la red asistencial de Magallanes, que ha tenido que absorber una demanda explosiva de pacientes en el sistema público. Para el vocero, es imperativo que los beneficios se mantengan, aunque el sistema opere al límite de su capacidad operativa.
Finalmente, sobre el traspaso de mando, aseguró que dejará todos los informes cerrados y los recursos de los fondos concursables ya distribuidos en las cuatro provincias, afirmando que bajo su gestión se eliminó el "miramiento del color político" a la hora de asignar presupuestos a los municipios de la zona.