Desde el Despacho Oval, el secretario de Estado Marco Rubio fue categórico al evaluar las recientes medidas económicas anunciadas por La Habana. Para el representante de la administración Trump, permitir que cubanos en el exterior inviertan en empresas privadas de la isla es un paso menor que no ataca el problema de fondo: un sistema "disfuncional".
“Lo que anunciaron ayer no resulta lo suficientemente drástico. No va a solucionar el problema. Tienen por delante algunas decisiones importantes que tomar”, advirtió Rubio.
Rubio analizó la crisis actual de Cuba bajo una perspectiva histórica, señalando que la economía isleña solo ha logrado mantenerse a flote a través de transferencias externas que hoy han desaparecido.
El pasado: Subsidios masivos de la Unión Soviética.
El presente reciente: Apoyo energético y financiero de Venezuela.
La realidad actual: Al no contar con estos auxilios, la isla enfrenta una situación "muy complicada" que, según Rubio, la actual dirigencia no tiene capacidad de resolver.
Ante la consulta sobre un posible alivio al embargo económico (que rige desde hace más de 60 años), la respuesta de Rubio fue un portazo a las aspiraciones de La Habana. El secretario insistió en que cualquier flexibilización está "vinculada al cambio político en la isla".
Para el jefe de la diplomacia estadounidense, la apertura económica debe ir de la mano con la democratización y la salida de las actuales figuras de mando: “Es necesario que asuman el liderazgo personas nuevas”, sentenció.
El anuncio que gatilló esta reacción incluía:
Permitir inversiones de ciudadanos cubanos residentes en el exterior en el sector privado.
Apertura a grandes inversores en sectores estratégicos: Infraestructura, Minería, Turismo y Energía.
A pesar de que estos sectores son prioritarios para la supervivencia del Estado cubano, la Casa Blanca parece no estar dispuesta a validar cambios económicos que no contemplen una transición hacia una democracia representativa.