Tras las primeras semanas de trabajo en el exhospital, la empresa constructora realizó un diagnóstico de los puntos críticos que afectaban a la comunidad. Según detalló el administrador de la obra, Álvaro Aravena, el principal problema no era el impacto de la maquinaria, sino la logística posterior.
Guerra al polvo: Se descubrió que las nubes de tierra se generaban por los grandes "cerros" de material acumulado. La nueva estrategia consiste en no superar la altura de las torres de escombros y acelerar el retiro de camiones para despejar el área rápidamente.
Vibraciones y plagas: Ante el reporte de vecinos sobre un aumento de arañas en sus casas, Aravena explicó que las vibraciones de la demolición "asustan" a los insectos que ya habitan en las viviendas, obligándolos a moverse y hacerse visibles.
Control Sanitario: La empresa aseguró que mantiene un control de plagas quincenal (desinsectación y desratización) dentro del perímetro del hospital para evitar cualquier migración de roedores o insectos hacia el exterior.
En los próximos días, la maquinaria pesada comenzará a atacar la estructura de cinco niveles. Esta fase es determinante, ya que requiere una coordinación exacta para evitar ruidos excesivos y asegurar la estabilidad de los muros perimetrales mientras cae la mole de concreto.
Recomendaciones para los vecinos del sector:
Protección en casa: Mantener ventanas cerradas durante las horas de mayor faena (mañana y tarde).
Uso de aracnicidas: La administración sugirió reforzar la limpieza y el uso de productos domésticos para insectos, ya que las vibraciones continuarán durante esta etapa clave.
Monitoreo: La empresa mantiene canales abiertos para recibir reportes sobre cualquier aumento inusual de polvo o ruidos fuera de norma.