El conflicto en Medio Oriente ha alcanzado un punto de no retorno. Desde la localidad de Arad, al sur de Israel —donde el impacto de un misil iraní dejó este sábado un saldo de más de 60 heridos—, el primer ministro Benjamín Netanyahu lanzó un mensaje de fuerza y determinación. El mandatario calificó de "milagro" la ausencia de víctimas fatales y aseguró que sus fuerzas están "aplastando al enemigo".
"Estamos ganando esta batalla y seguimos firmes", afirmó Netanyahu, aprovechando la instancia para exhortar a la comunidad internacional a sumarse a la ofensiva conjunta que lideran Israel y Estados Unidos contra el régimen de Teherán.
Desde Teherán, la cúpula militar no retrocedió. El general de división Ali Abdollahi anunció que Irán intensificará su estrategia ofensiva utilizando "armas avanzadas" diseñadas para alterar por completo los cálculos defensivos de sus adversarios. El portavoz de Defensa, Reza Talaeinik, fue más allá al declarar que el combate no cesará hasta lograr la "rendición total" de Israel y EE. UU.
La amenaza más grave provino de Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní. En respuesta a la advertencia de Donald Trump sobre posibles ataques a centrales eléctricas iraníes si no se garantiza la apertura del Estrecho de Ormuz en 48 horas, Qalibaf sentenció que toda la infraestructura energética de Oriente Medio se convertirá en "objetivo legítimo", advirtiendo una destrucción "irreversible" en la región.
En el frente norte, la situación es crítica. El presidente de Líbano, Joseph Aoun, denunció que el bombardeo israelí sobre la principal autopista del sur y la destrucción de puentes estratégicos sobre el río Litani son el "preludio de una invasión terrestre".
La aviación israelí destruyó el puente Qasmiyeh, dejando incomunicada a la ciudad de Tiro, la más importante de la región sur. Según Tel Aviv, estas acciones buscan neutralizar la movilidad de Hezbolá, pero para el gobierno libanés, el ataque al río Litani —vital para la agricultura y la energía hidroeléctrica del país— representa una violación flagrante a su soberanía y una amenaza directa a la integridad territorial.