Hay muertes que no caben en una sola fecha. La del Capitán de Corbeta Defensa de Costa, Pedro González Pacheco, ocurrió el 9 de abril de 1961 en algún punto entre la cumbre del monte Picacho López y el abismo del Ventisquero Corniza. Sin embargo, su historia ha seguido cayendo, lenta y majestuosa, durante décadas, hasta fundirse con el alma de la Armada de Chile y del territorio más inhóspito del planeta.
Nacido en Curanilahue en 1922, González Pacheco fue un hombre del sur profundo. Antes de vestir el uniforme, estudió Pedagogía en Castellano, pero la vocación del servicio pudo más. En 1943 ingresó a la Armada, iniciando una carrera que lo llevaría a buscar voluntariamente el mando más exigente: la Base Naval Antártica “Capitán Arturo Prat”, la instalación chilena más antigua en el continente de hielo.
La mañana de aquel fatídico 9 de abril, el Comandante cumplía con el deber cotidiano: ascender al Picacho López, en la isla Greenwich, para realizar observaciones glaciológicas. En la Antártica, la rutina y el heroísmo son la misma cosa. Un resbalón fortuito lo precipitó hacia el Ventisquero Corniza. Pese a los esfuerzos desesperados de su dotación, el hielo impuso su ley. González Pacheco murió a los 38 años, cumpliendo su servicio en la inmensidad que había jurado custodiar.
Hoy, la Antártica honra su memoria de una forma que pocos seres humanos alcanzan. El Refugio González Pacheco y su cruz conmemorativa son el Sitio y Monumento Histórico N°33 del Tratado Antártico. Es una de las protecciones legales más absolutas del planeta: su nombre es parte del paisaje legal para todas las naciones firmantes del Tratado de 1972.
Sin embargo, en el Chile continental, persiste una dolorosa paradoja:
En el Hielo: Su bitácora se lee cada año en el Cerro Poison, recordándole a las nuevas dotaciones en qué suelo están paradas.
En la Capital: Existe el Liceo Politécnico "Capitán Pedro González Pacheco" en Quinta Normal, donde cientos de alumnos pasan bajo su nombre sin conocer su historia.
En el País: Su rastro se diluye en los currículos escolares y textos regionales, siendo casi un desconocido fuera de la institución naval.
La historia de Pedro González Pacheco es la de un hombre que sostuvo la soberanía chilena con su determinación y, finalmente, con su vida. El territorio antártico lo reclamó, lo guardó y, hasta hoy, parece recordarlo con mucha más fidelidad que el país que él eligió servir.