La histórica "relación especial" entre Estados Unidos y el Reino Unido atraviesa uno de sus momentos más críticos. El presidente Donald Trump amenazó este miércoles con incumplir los términos del acuerdo comercial alcanzado en 2025 —que limita los aranceles estadounidenses al 10%—, como represalia por la postura del primer ministro británico, Keir Starmer, frente al conflicto bélico en Medio Oriente.
"Tenemos un buen acuerdo comercial, mejor de lo esperado, pero eso siempre puede cambiar", advirtió Trump en una entrevista con Sky News. El magnate neoyorquino no ocultó su frustración por la falta de apoyo militar de Londres en la ofensiva lanzada por EE. UU. e Israel contra Irán. "Cuando los necesitamos, no estuvieron allí, y siguen sin estar ahí", sentenció el mandatario.
La tensión no se limita al ámbito bélico. Trump también criticó duramente la política energética de Starmer, acusándolo de negarse a explotar los recursos petrolíferos en el Mar del Norte en medio de la crisis energética global. Asimismo, se burló del primer ministro británico por su insistencia en consultar con sus equipos técnicos antes de responder a las peticiones militares de Washington.
Desde el otro lado del Atlántico, la respuesta fue tajante. Durante una sesión en el Parlamento, Keir Starmer reafirmó que el Reino Unido mantendrá su autonomía estratégica. “No vamos a dejarnos arrastrar a esta guerra. No es nuestra”, declaró el primer ministro, asegurando que, pese a las fuertes presiones y las amenazas arancelarias, su postura es inamovible.
Esta ruptura diplomática ocurre en un momento de extrema volatilidad para los mercados internacionales, donde la estabilidad de los pactos comerciales firmados en 2025 parece pender de un hilo frente a los imperativos militares de la administración Trump.