Enero de 2026 quedará registrado como el mes en que Chile incorporó a su arsenal médico la Tirzepatida, el fármaco más avanzado de su generación para el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Aprobado por el ISP bajo el nombre comercial Mounjaro (distribuido por Laboratorio Adium), este medicamento representa una evolución significativa respecto a tratamientos previos como el Ozempic.
La Tirzepatida es el primer agonista dual de los receptores GIP y GLP-1. A diferencia de sus predecesores, que solo actúan sobre una hormona, este fármaco imita simultáneamente dos procesos naturales del cuerpo:
GLP-1 (Péptido similar al glucagón tipo 1): Reduce el azúcar en la sangre, retrasa el vaciado gástrico y prolonga la sensación de saciedad.
GIP (Péptido insulinotrópico dependiente de glucosa): Potencia la secreción de insulina y, crucialmente, mejora la forma en que el cuerpo descompone las grasas y regula el hambre a nivel cerebral.
Según el nutriólogo Óscar Barrera, mientras que con medicamentos de generación anterior se lograba bajar un 12% del peso, con la Tirzepatida los pacientes pueden alcanzar una reducción de entre el 20% y 25% en un año.
Para la Región de Magallanes, la llegada de esta terapia es de suma urgencia. El Dr. Javier Vega, médico diabetólogo de la Clínica AltaSalud de Punta Arenas, advierte que la prevalencia en la zona es alarmante debido a factores propios del extremo sur:
Sedentarismo forzado: Los largos inviernos y vientos implacables limitan la actividad física al aire libre.
Dieta histórica: Una herencia cultural rica en carnes rojas y grasas, diseñada para un gasto energético de campo o mar que hoy, en la vida moderna urbana, ya no se consume.
Cifras escolares: Según la Junaeb, el 53,8% de los estudiantes de la región presenta malnutrición por exceso, un ciclo que tiende a perpetuarse en la adultez si no hay intervención.
El fármaco se administra mediante una inyección subcutánea semanal con una lapicera multidosis prellenada. Es fundamental destacar que su venta requiere receta médica simple, asegurando que el tratamiento sea supervisado por un profesional, alejándolo de la automedicación que ha afectado a otras terapias similares.