En una sesión marcada por la resiliencia económica global pero con riesgos latentes, el Banco Central de Chile decidió no innovar en su tasa de referencia. La cifra del 4,5% refleja una postura de "esperar y ver" frente a eventos geopolíticos que están impactando directamente en los precios locales.
El Consejo advirtió que la prolongación del conflicto en Medio Oriente ha sido más adversa de lo proyectado en marzo. Esto ha generado una presión alcista en el petróleo y otras materias primas, lo que refuerza la cautela de los bancos centrales a nivel mundial para evitar que la inflación se dispare nuevamente.
En el plano interno, el panorama es mixto pero desafiante:
Cobre en la cima: El metal rojo ha mostrado un desempeño excepcional, situándose en torno a los US$6 la libra, lo que ha permitido una apreciación del peso frente al dólar.
Presión en precios: Pese a la fortaleza de la moneda, las proyecciones de inflación de corto plazo han aumentado, obligando al Consejo a estar "particularmente atento" a la persistencia de los precios.
El organismo fue enfático en que la evolución futura de la TPM se evaluará "reunión a reunión". El objetivo final se mantiene inalterable: garantizar que la inflación proyectada se estabilice en el 3% en un horizonte de dos años.
La mirada de los mercados se traslada ahora al próximo martes 16 de junio, fecha de la nueva reunión, donde el Banco Central espera tener una visión más nítida del impacto de la crisis energética y la trayectoria real de los precios en el país.