El juicio, que comenzó este lunes, ha puesto frente a frente a dos de los actores más poderosos del mundo tecnológico. Elon Musk, el primer testigo en subir al estrado, no escatimó en críticas contra los cofundadores de OpenAI, Sam Altman y Greg Brockman, a quienes acusa de haber orquestado un engaño para utilizar su capital y prestigio en la creación de un gigante comercial.
Según Musk, OpenAI nació en 2015 con el objetivo de ser un contrapeso de código abierto a Google, priorizando el beneficio de la humanidad sobre los dividendos.
“Podría haberla iniciado como una empresa con fines de lucro, pero decidí no hacerlo. Elegí convertirla en algo para el beneficio de toda la humanidad”, declaró Musk ante el jurado, subrayando que él concibió el nombre y reclutó al talento clave de la compañía.
El magnate sostiene que no habría aportado ni un centavo de su fortuna si hubiera sabido que, en 2019, la organización mutaría a una estructura de beneficio limitado y, posteriormente, a una corporación con fines de lucro.
Petición judicial: Musk solicita al tribunal revertir la aprobación regulatoria que permitió este cambio.
Sanciones: Exige una compensación económica y el despido inmediato de Sam Altman.
La defensa de OpenAI ha pasado al contraataque, calificando la demanda como un intento "infundado y motivado por la envidia". Según la compañía, Musk busca utilizar el sistema judicial para frenar a un competidor directo (xAI) tras haber fallado en su intento de tomar el control total de OpenAI en 2018, año en que se retiró de la junta directiva.
El juicio continuará este miércoles con la segunda parte del testimonio de Musk, donde se espera que la defensa de OpenAI lo interrogue sobre sus verdaderas intenciones al abandonar la organización antes de su explosión comercial con ChatGPT.