La crisis del Injuv ha llegado a un punto de inflexión. En el marco de la revisión presupuestaria transversal del 3% aplicada por el Gobierno, el organismo sufrió una drástica rebaja del 47% en su presupuesto, sacando a la luz problemas estructurales que arrastra desde hace años.
El subsecretario de Servicios Sociales, Alejandro Fernández, fue categórico al explicar las razones del rediseño. Según las cifras oficiales, el gasto del Injuv se distribuye de manera ineficiente:
Personal: 75% del presupuesto.
Administración: 15% del presupuesto.
Programas directos: Solo el 10%.
“De 8 mil millones de pesos, solo 800 millones llegan realmente a los jóvenes. Evidentemente no podemos seguir así”, puntualizó Fernández, señalando que la institución no está respondiendo con impacto real a urgencias actuales como la salud mental, empleabilidad y riesgos en redes sociales.
El mandato para este cambio proviene de la Ley de Presupuesto 2026 y las recomendaciones de la Comisión Asesora para Reformas Estructurales al Gasto Público, que sugirieron revisar servicios fragmentados o ineficientes.
El objetivo del Ejecutivo es crear un organismo que sea:
Técnico y autónomo: Alejado de la contingencia política.
Transversal: Capaz de coordinar políticas de juventud en todos los ministerios.
Participativo: El proceso incluirá a la academia, sociedad civil y a los actuales funcionarios del Injuv, con quienes ya existe un diálogo abierto.
Para la tranquilidad de los beneficiarios, el subsecretario aseguró que la reducción presupuestaria no afectará la ejecución de los programas que se encuentran en curso este año. El proceso de estudio y diseño de la nueva institución se desarrollará durante el presente periodo, buscando que cada peso invertido genere un impacto real en la vida de los jóvenes chilenos.