La situación en Cuba es crítica. Desde enero, Washington ha implementado un cerco energético que ha dejado a la isla operando a niveles mínimos. La nueva orden ejecutiva de Trump busca asfixiar los últimos pilares de la economía cubana, afectando no solo a empresas locales, sino a cualquier actor internacional que mantenga vínculos comerciales con la isla.
Durante un encuentro con grupos de solidaridad, Díaz-Canel fue enfático en que Cuba no cederá soberanía a cambio de alivio económico:
El dilema internacional: El mandatario denunció que EE.UU. obliga al mundo a elegir entre comerciar con Cuba o mantener acceso al sistema financiero estadounidense.
Sectores bloqueados: La nueva medida de Trump apunta directamente a la energía, minería, defensa, seguridad y tecnología.
Amenaza a la banca: Cualquier banco de un tercer país que opere con sectores clave en Cuba corre el riesgo de perder sus cuentas en los Estados Unidos.
El cerco energético ha golpeado la estructura básica del país:
Déficit de crudo: Cuba solo produce el 40% de lo que necesita.
Parálisis logística: Apagones prolongados, transporte limitado y vuelos cancelados.
Emergencia humanitaria: Desabastecimiento crítico de medicinas y productos básicos, lo que ha llevado a líderes internacionales a advertir sobre una inminente crisis social.
Díaz-Canel desestimó las acusaciones de que Cuba representa una "amenaza inusual" para la seguridad de EE.UU. o que sea un "Estado fallido". "Si están tan preocupados por las vicisitudes del pueblo cubano, que levanten el bloqueo", sentenció el mandatario, comparando el castigo económico actual con las situaciones bélicas en Palestina o Líbano.