El informe sectorial del INE para marzo dejó un sabor agridulce. Por un lado, el comercio sacó la cara por la actividad con un crecimiento interanual del 4,9%, impulsado en gran medida por la resiliencia del consumo minorista y la consolidación del comercio electrónico. Sin embargo, este optimismo no fue suficiente para eclipsar la caída en los sectores que generan valor estructural: la minería y la industria manufacturera.
En nuestra región, esta dualidad tiene repercusiones directas. Si bien el dinamismo comercial se siente en las calles de Punta Arenas, la debilidad nacional en la producción de bienes genera cautela en sectores estratégicos para el extremo sur:
Logística y Energía: La menor actividad industrial a nivel país reduce la demanda de servicios logísticos y energéticos, pilares de la economía magallánica.
Inversión Regional: La incertidumbre sobre el Imacec —con proyecciones que oscilan entre un -0,8% y un 1%— frena decisiones de inversión en nuevos desarrollos locales.
Costo de Vida: Las presiones inflacionarias, especialmente por el alza de combustibles, amenazan con neutralizar el leve repunte del comercio.
El Banco Central dará a conocer próximamente el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), y el mercado ya ajusta sus expectativas. El consenso de los analistas apunta a un crecimiento "anémico" para el primer semestre. El riesgo latente es que la tasa de interés se mantenga alta por más tiempo del previsto si la inflación no cede, lo que encarecería aún más el crédito para las Pymes de la zona austral.
Con un crecimiento proyectado para 2026 que difícilmente superará el 2%, el desafío para el Gobierno y los actores regionales será inyectar dinamismo a la producción, evitando que el consumo sea el único motor de una economía que muestra signos de fatiga estructural.