La guerra iniciada el pasado 28 de febrero entre las potencias occidentales e Irán vive sus horas más inciertas. Tras semanas de un cese al fuego que pendía de un hilo, el presidente Donald Trump dinamitó las expectativas de un acuerdo diplomático este domingo. A través de su red Truth Social, el mandatario fue lapidario: "Para Irán, el reloj avanza, y más les vale ponerse en marcha —¡rápido!—, o no quedará nada de ellos".
Acusaciones de mala fe
En una entrevista concedida a Fox News tras su reciente viaje a Pekín, Trump acusó directamente a Teherán de sabotear el proceso de paz en cinco ocasiones consecutivas. Según el mandatario, los negociadores iraníes aceptan los términos en la mesa —incluyendo la entrega de su material nuclear— solo para retractarse horas después. "Actúan como si no hubiéramos tenido esa conversación", fustigó el mandatario.
Máxima alerta en Tel Aviv y Washington
El eco de estas palabras resonó de inmediato en Israel. Según el diario Yedioth Ahronoth, el ejército israelí se encuentra en estado de máxima alerta operativa. Los informes sugieren que el primer ministro de Israel y el Pentágono están coordinando activamente los planes de contingencia, asumiendo que el objetivo de desmantelar el programa nuclear de Teherán no se ha cumplido por la vía diplomática.
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La respuesta de Teherán: "Escenarios sorpresivos"
Desde el otro lado, la cúpula militar iraní no ha retrocedido ante la retórica de Washington. El portavoz de las Fuerzas Armadas de Irán, el general Abolfazl Shekarchi, advirtió que cualquier nueva incursión militar estadounidense o israelí será contestada con una fuerza "más contundente y severa". Shekarchi mencionó incluso la preparación de escenarios "sorpresivos y devastadores", lo que aumenta el temor global a una escalada que involucre el cierre de rutas comerciales críticas en el Estrecho de Ormuz.
La publicación por parte de Trump de una imagen generada por IA el pasado sábado, sugiriendo ataques aéreos, ha sido interpretada por analistas internacionales como la fase final de la guerra psicológica previa a la reanudación de los bombardeos.