La Antártica suele ser retratada como un laboratorio natural de hielos milenarios y biodiversidad única, pero pocas veces se analiza como el entorno más desafiante para la psiquis humana. Eduardo Felipe Alfaro Valdés, kinesiólogo y doctorando en Epidemiología, se ha propuesto cambiar esta perspectiva. Su investigación, que será presentada en el prestigioso SCAR Open Science Conference 2026 en Oslo, pone el foco en los efectos metabólicos y psicobiológicos que sufren quienes mantienen la presencia humana en el continente blanco.
El impacto de la "Noche Polar"
El estudio de Alfaro revela que el mayor enemigo de la salud mental en los polos no es solo el frío extremo, sino la alteración del fotoperiodo. El cuerpo humano depende de ritmos circadianos regulados por la luz solar; sin embargo, en la Antártica, las semanas de oscuridad total durante el invierno descalibran este reloj interno.
A través de una revisión sistemática de estudios realizados desde el año 2000, Alfaro identificó consecuencias críticas:
Deterioro emocional: Aparición recurrente de síntomas depresivos, irritabilidad y ansiedad.
Niebla Mental: Una fatiga cognitiva que disminuye el rendimiento psicomotor y la capacidad de reacción.
Trastornos del sueño: Insomnio severo derivado de la falta de señales ambientales de día y noche.
Estrategias de supervivencia y adaptación
La ponencia que llegará a Noruega bajo el lema “Diving into Antarctic Science” no solo se queda en el diagnóstico. Alfaro propone que la ciencia antártica debe evolucionar hacia un modelo de confort circadiano. Esto incluye desde la implementación de sistemas de iluminación inteligente que imiten la luz solar, hasta una selección y preparación psicológica rigurosa antes del despliegue.
Para Chile, esta investigación tiene un valor estratégico incalculable. Al ser el país con mayor continuidad habitacional en las zonas más extremas del territorio antártico, comprender cómo proteger la salud mental de los dotatarios y científicos es clave para el éxito de la Política Antártica Nacional.
La barrera económica para la ciencia chilena Pese al reconocimiento internacional de su trabajo, la llegada de Alfaro a Oslo enfrenta un obstáculo netamente logístico: el financiamiento. Al asistir como integrante del Consejo de la Sociedad Civil del INACh, y no como funcionario institucional, los costos de traslados transcontinentales, alojamiento en una de las capitales más caras de Europa y la inscripción al congreso representan una barrera de varios millones de pesos.
Su participación hoy depende del apoyo que el sector privado y los organismos públicos —como el Gobierno Regional de Magallanes— puedan brindar para asegurar que el conocimiento generado en el sur del mundo sea escuchado por la elite científica global, consolidando a Chile no solo como un operador logístico, sino como un líder en la comprensión del factor humano en condiciones extremas.