El escenario político y militar en Washington se encuentra fracturado. Por un lado, el Congreso ha decidido ejercer su contrapeso mediante una resolución que, aunque simbólica, envía un mensaje de desaprobación a la estrategia del Comandante en Jefe. Por otro, Donald Trump mantiene la presión máxima, revelando que solo la mediación de socios estratégicos evitó que el alto al fuego —vigente desde abril— saltara por los aires esta misma semana.
El Senado pone límites
La resolución aprobada el martes superó un trámite clave gracias a la deserción de cuatro senadores oficialistas, quienes se unieron a la bancada demócrata. Esta medida busca exigir la retirada de las fuerzas implicadas en el conflicto directo con Irán, marcando un precedente de supervisión legislativa que Trump no había enfrentado desde el estallido de las hostilidades.
"A una hora" del ataque
Desde la Casa Blanca, Trump ofreció detalles sobre la volatilidad del conflicto. Según el mandatario, la ofensiva contra la República Islámica estaba programada para este martes, pero fue pospuesta tras las gestiones diplomáticas de Arabia Saudita y Qatar. "Estuve a una hora de ordenar retomar la ofensiva", confesó, recalcando que el despliegue militar es la única barrera para evitar que Irán obtenga armamento atómico.
La amenaza del "Holocausto Nuclear"
El ultimátum de Trump es tajante: Irán tiene hasta el próximo fin de semana para sellar un acuerdo. Su retórica se centró en la seguridad de sus aliados en el Golfo y la existencia de Israel.
“No podemos permitirles obtener un arma nuclear. Si la tuvieran, destruirían Israel rápidamente e irían detrás de Arabia Saudita y todo Medio Oriente. Sería un holocausto nuclear”, declaró el Presidente.
Este plazo de "dos o tres días" pone a la diplomacia internacional en una carrera contra el reloj, mientras el Congreso intenta, por su parte, retomar el control sobre las decisiones de guerra que han marcado el rumbo de 2026.