Un balde de agua fría para las proyecciones de reactivación económica del mercado interno y una señal de alerta máxima para los presupuestos de las familias de clase media consolidó el panorama financiero nacional. El Banco Central de Chile publicó su más reciente Informe de Política Monetaria (IPoM), documento técnico trimestral que encendió severas alarmas al reducir el rango de crecimiento proyectado para el país durante este año 2026 a un estrecho margen de entre 1,0% y 1,75%.
El instituto emisor justificó el adverso ajuste macroeconómico sobre la base de un complejo escenario de incertidumbre internacional y el sostenido aumento de los costos energéticos. Ante este panorama, el Consejo del organismo autónomo tomó la determinación de mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) congelada en un 4,5%, traba financiera que busca contener las presiones inflacionarias pero que, en contrapartida, ralentiza el abaratamiento del dinero para el consumo y la inversión privada.
La corporación bancaria detalló que el principal vector desestabilizador de la economía local proviene del frente externo. El recrudecimiento del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán ha quebrado la cadena logística de los mercados internacionales, impactando de forma directa y severa en el precio del petróleo a nivel global:
El Diagnóstico del Central: “En el frente externo, el incremento del precio del petróleo llevó a alzas consecutivas de la inflación en diversas economías del globo. Si bien la actividad mundial se mantiene resiliente gracias al impulso de las nuevas tecnologías —lo que sostiene condiciones financieras favorables en los mercados desarrollados—, para Chile el encarecimiento del crudo actúa como una presión inflacionaria importada que altera nuestras expectativas de mediano plazo”, reza el informe macroeconómico.
En el plano interno, las métricas recolectadas por el emisor muestran signos de debilitamiento estructural. La actividad económica nacional registró una contracción durante el primer trimestre, la inversión de capitales privados acusó un freno y el mercado laboral evidenció un deterioro sistemático, traducido en un aumento de la tasa de desempleo y una baja creación de nuevos puestos de trabajo formales.
Las consecuencias de este frenazo de la actividad mantienen bajo un estado de profunda preocupación a la industria inmobiliaria y de desarrollo vial. Desde la Gerencia de Estudios y Políticas Públicas de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) advirtieron que el alza sostenida en los fletes y las materias primas podría consolidar un escenario perjudicial de largo plazo:
Efecto Estructural: “Se observan mayores presiones al alza en los precios de los materiales de edificación. El principal riesgo sectorial es que estos costos logísticos se estabilicen en un nuevo equilibrio más alto, generando efectos potencialmente estructurales y reajustes sobre los contratos de obras públicas, concesiones y la inversión habitacional”, explicaron desde el gremio constructor.
Esta coyuntura refrenda las alertas levantadas a fines de mayo por el presidente nacional de la CChC, Alfredo Echavarría, quien detalló que el encarecimiento de los combustibles fósiles impacta de forma directa la producción de elementos constructivos esenciales como el asfalto, las tuberías plásticas de alta densidad y todos los materiales derivados del PVC. Según el líder empresarial, estos incrementos en la cadena productiva terminan traspasándose de manera inevitable e inmediata al precio final de las viviendas nuevas, encareciendo el valor por metro cuadrado.
Las proyecciones del Banco Central estiman que la inflación cerrará el presente ciclo anual en torno al 4,2%, una cifra que se ubica por sobre el rango meta del 3% establecido por la institución como política de estabilidad de precios.
Este escenario restrictivo de la inflación persistente, de acuerdo con los analistas del mercado, impedirá una reducción acelerada de las tasas de interés de corto plazo. En la práctica, la permanencia de tasas altas se traducirá en nuevas presiones al alza para las tasas de largo plazo, incluyendo aquellas asociadas directamente a los créditos hipotecarios. Este fenómeno añade una carga financiera adicional para las familias chilenas que buscan cumplir el sueño de la casa propia mediante financiamiento bancario, y golpea a una industria de la construcción que sigue batallando por recuperar el dinamismo perdido en los últimos años.