Una persistente presión sobre las planillas de contratación del sector privado, una brecha de género estructural que mantiene relegadas a las mujeres en los índices de inserción formal y un sostenido incremento del empleo precarizado al margen de la seguridad social marcan la pauta económica. La tasa de desocupación nacional en Chile se ubicó en un 9,4% durante el trimestre móvil correspondiente a marzo-mayo de 2026, balance estadístico oficial entregado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
La cifra representa un incremento neto de 0,5 puntos porcentuales en una ventana comparativa de doce meses. De acuerdo con el organismo técnico, el alza de este indicador no responde necesariamente a una destrucción masiva de puestos existentes, sino a un descalce de mercado: la fuerza de trabajo global experimentó una expansión del 1,3%, ritmo de crecimiento que terminó por superar e indexar el modesto avance del 0,8% registrado en el pool de personas efectivamente ocupadas.
El desglose del informe del INE revela que la masa total de personas desocupadas en el territorio de la República se expandió un 6,9% en el período evaluado, totalizando de forma histórica a 981.315 personas en situación de cesantía o búsqueda. Este incremento estuvo impulsado bajo dos dinámicas paralelas:
Cesantía Tradicional: Aquellos trabajadores que perdieron su empleo previo y no han logrado reinsertarse registraron un alza del 5,9%.
Primer Empleo: Las personas que ingresaron al mercado laboral a buscar una plaza por primera vez experimentaron un violento incremento del 16,4%, reflejando las barreras de entrada para las nuevas generaciones.
Por otra parte, la tasa de desocupación ajustada estacionalmente se fijó en 9,2%, anotando un incremento de 0,3 puntos porcentuales respecto al trimestre móvil inmediatamente anterior, consolidando una tendencia al alza arrastrada durante los últimos bloques mensuales de este año.
El análisis de los datos con perspectiva de género ratifica que las mujeres siguen soportando la mayor carga de la desaceleración económica. La tasa de desocupación femenina se estancó en un preocupante 10,5%, calcando de forma exacta el registro del trimestre móvil anterior. Por el contrario, la desocupación de los hombres alcanzó un 8,6%, lo que de igual forma equivale a un aumento de 0,5 puntos en doce meses.
El Escenario Femenino: El aumento de la fuerza de trabajo de las mujeres (2,0%) aventajó al crecimiento de las ocupadas (1,5%), gatillando que la masa de desocupadas se expandiera un 6,5%. Pese a ello, las tasas de participación y ocupación de las mujeres mostraron resiliencia, situándose en 53,6% y 48,0%, respectivamente.
El Escenario Masculino: Entre los hombres, la fuerza de trabajo creció apenas un 0,8%, superando el magro avance de 0,2% de los ocupados. Los desocupados varones aumentaron un 7,3%, mientras que sus tasas de participación y ocupación totales retrocedieron a 71,6% y 65,5%, respectivamente.
En el cómputo general, el total de ocupados en el país llegó a 9.416.372 personas (+0,8%). Según la actividad productiva, la creación de empleo estuvo liderada de forma robusta por el segmento de actividades profesionales (11,6%), seguido por el sector de la salud (6,0%) y la industria manufacturera (5,2%). En la otra vereda, las principales contracciones y caídas de plazas se concentraron en la minería (-7,4%), las actividades de agricultura y pesca (-5,0%) y el personal de la administración pública (-4,8%).
Alerta de Precarización: El dato más complejo para las políticas públicas del Ejecutivo radica en la calidad del empleo generado. El INE informó que la tasa de ocupación informal escaló hasta el 27,0%, anotando un alza de 1,0 punto porcentual en doce meses, lo que confirma que más de un cuarto de los trabajadores chilenos carece de contratos, cotizaciones de salud y previsión social.
Al realizar el zoom por género, el empleo informal vuelve a golpear con mayor dureza a la población femenina: las mujeres registraron una tasa de informalidad del 28,8% frente a un 25,6% anotado por los hombres. En términos absolutos, el total de trabajadores informales se expandió un 4,6% durante el trimestre móvil, una preocupante realidad impulsada por la falta de dinamismo formal en sectores masivos de autoempleo y subsistencia familiar como el comercio (7,2%) y la industria manufacturera informal (15,4%).