El cierre de un agónico proceso de escrutinio que mantuvo en vilo a toda la comunidad internacional, el inicio de una compleja tregua política orientada a garantizar la gobernabilidad de la nación andina y la confirmación de un mapa electoral fracturado de forma simétrica reconfiguran el equilibrio de poder en el continente. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) de Perú completó el 100% del conteo de votos de la segunda vuelta presidencial, ratificando la victoria de Keiko Fujimori Higuchi por un estrecho margen.
Tras consolidarse los resultados en las pantallas oficiales del organismo electoral, la presidenta electa e hija del fallecido exmandatario Alberto Fujimori compareció de forma pública a la salida de su residencia particular. Rompiendo con la retórica de confrontación de la campaña, la lideresa del partido derechista Fuerza Popular extendió de inmediato un inédito puente político hacia su encarnizado rival de las últimas semanas: "Las puertas del diálogo democrático están formalmente abiertas para Roberto Sánchez y para todos los líderes de las distintas fuerzas políticas que participaron en esta elección", declaró en despachos reproducidos por el diario peruano La República.
La cautela marcó el discurso de Fujimori, quien evitó celebraciones masivas en las plazas de Lima debido a la extrema paridad del resultado, una realidad matemática que anticipa un Congreso fragmentado y un escenario de alta tensión social en las regiones del sur y el interior del país:
“Recibimos este resultado definitivo de la ONPE con un profundo sentido de patriotismo y gran responsabilidad institucional, sabiendo con total claridad que nuestro país está prácticamente dividido en dos mitades exactas. Tenemos el deber ético y político de escuchar activamente a ambos lados de la ciudadanía”, argumentó Keiko Fujimori.
La excongresista precisó que, en cumplimiento estricto de la legislación electoral peruana, aguardará la proclamación oficial de los resultados y la resolución de las eventuales actas impugnadas por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) antes de dar inicio formal a las reuniones de transferencia de mando en el Palacio de Gobierno. “Vamos a esperar unos días para la proclamación formal y la respectiva entrega de credenciales presidenciales”, señaló, confirmando que ya tiene estructurado a su equipo de transición técnica, cuyos nombres prefirió mantener bajo estricta reserva diplomática.
Al momento de delinear los ejes que marcarán el arranque de su administración, Keiko Fujimori endureció el tono en contra de la gestión saliente de Dina Boluarte, acusándola de inacción y deficiente ejecución presupuestaria. La mandataria electa adelantó que concentrará de forma inmediata el despliegue del Ejecutivo en dos urgencias nacionales de carácter crítico:
Recuperación del Orden Público: Implementación de planes de choque policial y militar para frenar las bandas criminales transnacionales y recuperar los índices de seguridad ciudadana en los distritos de Lima y el norte del país.
Mitigación del Fenómeno de El Niño: Activación urgente de las obras civiles de prevención e infraestructura hidráulica ante el inminente impacto del fenómeno climático. “Recuperar el orden en el país y tomar medidas preventivas frente a El Niño serán los dos principales desafíos de mi gestión; es lamentable y cuestionable que el actual gobierno no haya ejecutado oportunamente las obras de prevención necesarias para proteger a la población ante las inundaciones”, fustigó la política de 51 años.