A cuatro años de la revuelta social

Bastó un salto a un torniquete para que años de injusticia y abusos se expresen en una fuerza disruptiva, anárquica y masiva, capaz de identificar y convocar a una gran parte de la ciudadanía. Un 18 de octubre de 2019 las chilenas y chilenos se tomaron las calles y plazas para decir YA NO MAS. Una educación pública cuestionada y cara, altos precios y bajos salarios, limitado acceso a la vivienda, pensiones miserables, el encarecimiento de los servicios y el transporte, un sistema de salud inoportuno y limitado, fueron parte de las demandas insatisfechas que evidenciaban un país profundamente desigual e injusto, que generaba oportunidades y acceso a derechos sociales dependiendo del nivel de ingresos de las personas. Un país para ricos y otro para pobres. 

La Revuelta Social o Estallido Social (aunque algunos quieran llamarla de otra forma) es el crisol de una serie de movimientos estudiantiles, sociales, étnicos, culturales, gremiales, ambientalistas y feministas que desde principios de siglo fueron ganando adeptos y sintonía en nuestra sociedad. Cientos de marchas, concentraciones y manifestaciones fueron los primeros aprontes y señales de un pueblo descontento, que asfixiado por su presente empezó a ver cada vez con menos certezas su futuro.  Junto a ello la gente empezó a cuestionar las capacidades del Estado de Chile y sus Instituciones para poder dar soluciones a sus mínimas demandas relacionadas al ejercicio de derechos sociales. El descrédito de las Instituciones y del quehacer político y sus actores agravó aún más la situación país, llegando a un punto de cuestionamiento de nuestra democracia. La Revuelta Social debe entenderse y explicarse en el contexto de una crisis política social si queremos hacernos cargo de las causas que la incubaron y expresaron.

A cuatro años de la Revuelta Social parece que la amnesia se apodera del Pais y del mundo político. Aún se mantienen la desigualdad e injusticias institucionalizadas que ofrece un mundo de sólo dos alternativas, las cuales dependen exclusivamente de los recursos que uno tenga. Aquellos que fueron cuestionados hoy dan cátedra de lo que hay que hacer, regulan el proceso y los alcances de la discusión, tomando decisiones en nombre de una mayoría silenciosa que observa como nada cambia y peor aún todo se agrava y empeora. A cuatro años de la Revuelta Social aún no somos capaces de concebir un sistema que garantice pensiones dignas a los trabajadores de menos ingresos, aún las personas se mueren esperando una salud oportuna mientras la preocupación principal del parlamento es rescatar las Isapres, aún el acceso a la vivienda sigue siendo una eternidad mientras se pagan arriendos abusivos, aún la educación superior es un derecho privativo mientras la derecha propone eliminar el financiamiento de la universidades estatales en el texto constitucional. Sin duda, a cuatro años, las razones de la Revuelta Social están más vigentes que nunca, pero el mundo político de derecha (por rechazo) e izquierda (por apropiación indebida y despilfarro) parecen conformarse con la cruda realidad.

Hoy que la Nueva Constitución entra en una etapa de definición de su texto definitivo, no debemos de olvidar que su redacción fue pensada como una solución a los problemas de desigualdad e injusticia que demandó la Revuelta Social de 2019. Frente a una constitución que privatiza bienes y servicios, que limita y imposibilita el ejercicio de derechos, siempre favoreciendo los criterios económicos (de unos pocos), resultaba evidente volver a hacer un nuevo trato social; sin embargo, a cuatro años de las multitudinarias manifestaciones, la clase política conservadora pretende desconocer las razones del proceso constituyente y nos ofrece una alternativa que no sólo mantiene el status quo sino que lo consagra y magnifica. La famosa oferta de libertad de elección que hasta hoy ofrece la derecha en la discusión constitucional en la práctica no es otra cosa más que la posibilidad que usted puede escoger sólo si tiene plata. No se deje engañar y siga exigiendo un Chile digno y justo como lo hicimos hace cuatro años.

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