El
proceso constituyente anterior no escuchó a las minorías, pasó por
encima de muchos y eso la gente lo percibió, por lo mismo rechazó el
proyecto de nueva Constitución. Ahora que recién se inició el trabajo de
los nuevos consejeros constitucionales, lo más importante es la toma de
acuerdos. Si Chile hoy enfrenta graves problemas es porque venimos
fraccionados desde hace tiempo. Tenemos que salir adelante, pero para
ello necesitamos la colaboración de todos. Desde afuera, incluso
nuestros vecinos, nos miran con preocupación porque ven que estamos con
un fuerte deterioro del crecimiento económico y una crisis institucional
que pasa porque muchas entidades del Estado no están funcionando.
Estamos en un país friccionado, con una alta inflación y con una
incertidumbre acerca del futuro económico. Nos acostumbramos a crecer y
con cifras muy azules. Hoy nos genera alarma saber qué Chile le vamos a
entregar a nuestros hijos y a las nuevas generaciones. Si el país se
está cayendo, como dicen algunos, es responsabilidad de todos levantarlo
y no sólo buscar culpables. Por eso a diciembre, al Plebiscito de
Salida del nuevo proyecto constitucional debemos llegar con acuerdos
concretos, que permitan estabilidad, crecimiento y que ojalá aquella
nueva propuesta sea aprobada por más de un 90% de la ciudadanía. Chile
es de todos y no sólo de los que gobiernan, lamentablemente en la última
década se ha llenado de odios y egoísmos que no conducen a nada. El
país vive una situación compleja -“la crisis está”-, y hay que hacerse
cargo. Hay que reconocer los errores cometidos en la conducción y
sentarse a enmendarlos, por ejemplo,
en políticas económicas mal aplicadas y que sólo son compromisos de
campaña. Hay algunas medidas que han terminado volviéndose un boomerang
en contra de la gente. El encarecimiento de los alimentos es algo que
nos afecta transversalmente y que mes a mes nos percatamos al ver que ya
no nos alcanza y que nuestro presupuesto se ha visto reducido
drásticamente.