Tras
casi dos años sin absolutas clases presenciales y a solo días de volver
a verse muchos compañeros y amigos que por mucho tiempo han estado
alejados, hay que tener algunas consideraciones. En
la actualidad hemos visto cómo se ha acrecentado la pérdida de valores.
Estos son fundamentales para el bienestar de una comunidad, para que
exista una sana convivencia. De lo contrario, una comunidad no logra
funcionar de manera satisfactoria. Hemos percibido claramente que en los
grupos a los cuales pertenecemos hay fallas, y ello muchas veces se
debe a la falta de valores compartidos, lo que se refleja en falta de
coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Esto último es
sumamente importante, por ejemplo, en el éxito de la convivencia escolar
de los colegios. Los valores presentes hoy cobran una importancia
relevante en la vida del ser humano donde hay tanta premura por lo
material, lo económico y los intereses personales. Todavía creemos que
todas las esferas de la vida humana están sustentadas en valores,
fenómeno complejo y multifacético que algunas personas ostentan más que
otras, que algunas poseen y otras no. En esencia, los valores tienen su
génesis en la sociedad y la familia, pero sobre la base del ideario que
ha caracterizado al ser humano en cada etapa de su vida, consolidado en
la escuela, cuyo papel regulador es esencial en el desarrollo social e
individual. Los valores nos permiten interactuar de manera armónica, en
el trabajo, con la familia y con los amigos. Ellos influyen en nuestra
formación y desarrollo como personas.